La clase pasa más rápida de lo que creí, y es que el profesor Dawson es realmente bueno en lo que hace. Su manera de explicar los contenidos es muy distinta a los profesores que tenía en la Isla. Él nos habla como si fuéramos sus pares; y creo que eso hace que todos se sientan tan en confianza que nadie dice palabra alguna durante toda la clase porque todos están demasiado concentrados escuchándole.
Luego de que la campana suena , todos corren disparados para salir del salón. Becca camina hacía mí rápidamente y se sienta en la mesa del frente.
— Es la hora del desayuno— anuncia, mirándome. Doy un enorme suspiro, aliviada de que probablemente ella haya decidido adoptarme en mi primer día de clase— ya debes saber que las cosas aquí están un poco raras— ahora su voz cambia a un murmuro. Ella mira hacía todos lados como si alguien la estuviera mirando— si quieres puedes sentarte con nosotros— ahora definitivamente es un susurro.
— Claro— asiento con el rostro, y sin darme cuenta, le contesto en el mismo tono de voz en el que ella me ha hablado.
— Charlotte— la voz del profesor Dawson nos interrumpe, haciendo que ambas demos un respingo. El salón de clase ya se ha vaciado; todos se han ido a excepción de nosotros tres.
Nos damos la vuelta para mirarle; con su mano derecha sostiene sus libros por debajo de su brazo y la otra la tiene escondida en el bolsillo delantero de su pantalón. — ¿podemos intercambiar algunas palabras?
Me quedo mirando a Becca durante un momento y ella asiente con el rostro.
— Te espero afuera— me dice, saliendo del salón de clases y juntando suavemente la puerta detrás de ella.
Me quedo en mi lugar, mirando al profesor Dawson. Él se acerca unos cuantos pasos y se sienta en uno de los lugares que me rodean.
— Así que vienes de la Isla— comienza él. Yo asiento con el rostro, sin saber muy bien a qué quiere ir con la conversación— es un cambio muy abrupto, ¿no?— arquea una ceja— pasar de sandalias y toallas de playa a paraguas y abrigos impermeables.
— Algo así— admito.
El profesor Dawson asiente con el rostro y le da tres pequeños golpes a la mesa con la yema de sus dedos.
— Dada las circunstancias, debo suponer que es difícil ser un alumno nuevo en esta escuela— me explica con delicadeza— todos están demasiado... desconfiados.
— ¿Qué circunstancias?— me apresuro a preguntar.
El abre la boca para decir algo, pero el abrir de la puerta lo interrumpe. El rostro de Becca se asoma y nos queda mirando fijamente.
— No quiero ser mal educada, profesor Dawson, pero muero de hambre.
El profesor Dawson se pone de pie y asiente con el rostro.
— Si necesitas algo, sólo dímelo— me mira, concluyendo la conversación.
Antes de que pueda volver a preguntar, el profesor Dawson desaparece, dejándonos a Becca y a mi solas en el salón de clase.
Ella deja salir un suspiro como si hubiera visto al amor de su vida.
— ¿No es lindo?— pregunta, llevándose ambas manos al corazón dramáticamente. Ella comienza a caminar por los pasillos y yo la sigo, soltando una enorme carcajada.
— ¿El profesor?— sigo riendo. Ella asiente con el rostro; los estudiantes a nuestro alrededor se amontonan para caminar en grupos, como si les diera miedo quedarse atrás solos.
Frunzo el ceño algo extrañada, ¿todas las personas en este pueblo se comportan así?
Bueno, al menos Becca no.
— No puedo dejar de mirarle cuando está haciendo clases— continúa ella mientras bajamos las escaleras para ir a desayunar— no lo encuentras lindo?
Me encojo de hombros.
— Algo— admito— me inclino por otro lado.
Becca me queda mirando y asiente con el rostro.
— Ya sé a lo que te refieres— me asegura.
Llegamos al primer piso del establecimiento y nos detenemos en una puerta gigante-afortunadamente no es giratoria.
Está abierta y encadenada a la pared para que no se cierre con el viento salvaje que entra. Me tengo que sujetar el vestido para que no se me vea la ropa interior y Becca hace lo mismo.
El comedor se encuentra en un edificio aparte; para llegar, debemos cruzar un pequeño camino de cemento techado, rodeado de áreas de pasto y árboles que debo suponer que nunca se usan porque el clima nunca lo permite.
Rápidamente avanzamos hasta llegar a la puerta del comedor; entramos apresuradamente para no morir congeladas y Becca comienza a peinar su cabello que inmediatamente ha quedado como un nido de pájaros.
En el comedor las cosas no cambian demasiado; los susurro y las miradas me hacen saber que, afirmativamente, las personas aquí son así.
¿Desconfiadas? Esa fue la palabra exacta que usó el profesor Dawson, pero, ¿por qué?
— Así que eres lesbiana— Becca lo deja salir sin parche alguno, lo que por alguna razón, me produce cierta satisfacción.
— Yo no lo pondría de esa manera.
— ¿Bisexual entonces?
Me encojo de hombros.
— Me gusta lo que me gusta, y ya.
El hecho de que Becca haya asentido con el rostro y haya cambiado el tema radicalmente como si hubiéramos estado hablando de flores y luego de piedras también me hace sentir bien; nunca nadie en la vida se había dirigido a mí de esa forma al yo decirle que también me gustan las chicas.
Cuando lo dices, siempre es también tipo "¿Las chicas? ¿En serio? ¿Cuando lo supiste? ¿Tus padres saben? ¿Cuando les dijiste? ¿Y te gustan todas las chicas o solamente una?"
En cambio con Becca ha sido todo tipo "¿Así que te gustan las chicas? Genial, ¿y de donde vienes? Vale, ¿qué quieres comer?"
Sonrío para mis adentros y camino al lado de ella por el espacio que separa las mesas una de la otra.
— No sé, ¿y tú?— le pregunto de vuelta— ¿Qué comerás?
Becca se encoge de hombros.
— Tampoco sé.
Llegamos al enorme mesón que se encuentra al fondo del comedor; una señora delgada nos sonríe y nos hace elegir entre un sándwich y un paquete de galletas. Ambas elegimos el sándwich y cogemos una taza de leche caliente de las tantas que hay encima del lugar.
Hacemos nuestro camino hasta una de las mesas.
— Te presentaré a mis amigos.
Becca deja sus cosas encima de una mesa que se encuentra justo al lado del mesón. Tres rostros se dirigen en nuestra dirección, pero solamente uno puedo reconocer.
Alice está devorando un paquete de galletas y me mira con una ceja arqueada y una sonrisa un poco burlesca. Ahora que sus mangas están arremangadas puedo notar numerosos tatuajes en sus brazos y un bonito reloj plateado. Tiene un gorro de lana de color rosado en el cabello que Becca no tarda en quitarle para ponérselo ella misma.
— Con razón lo estaba buscando— dice, tomando asiento. Le da unas palmadas a la mesa para que me siente al lado de ella y dejo caer mi cuerpo en una de las sillas— Chicos, ésta es Charlotte.
Por alguna razón, no había reparado en las otras dos personas que están en la mesa.
Al lado de Alice hay una chica de cabello morado y sombra de ojos demasiado negra; al lado de ella, un chico de cabello revuelto me saluda con la mano.
— Soy Haley— se presenta la del cabello morado— ella es Alice y él es Ulisse.
— Una chica nueva— dice Ulisse, asintiendo con el rostro— Eso es raro.
— ¿Raro por qué?— pregunto yo, con curiosidad. Todos se quedan mirando entre ellos y luego sus ojos se posan en Alice inmediatamente. Ella intenta parecer distraída y perdida en su paquete de galletas.
— Por nada— interrumpe Haley antes de que la conversación se tense un poco más. Frunzo el ceño algo confundida.
¿Alguien me puede decir lo que está ocurriendo?
— ¿Vienes de la otra escuela?— pregunta Ulisse, casi desesperado por cambiar de tema.
— No— le explico yo, suponiendo que la otra escuela es la única otra que hay — vengo de la Isla, con mi papá nos mudamos hace una semana.
— ¿A mitad de semestre?— Becca frunce el ceño. Le doy un mordisco a mi sándwich y asiento.
— Larga historia— me tapo la boca con la mano mientras estoy masticando. Una vez que logro tragar, prosigo— trabajo y esas cosas.
— ¿De tus padres?
Trago saliva y tenso un poco la mandíbula.
— De mi padre— digo en un suspiro. Ellos asienten, al parecer, satisfechos con mi respuesta, y comienzan a hablar de otra cosa.
— Bueno, esta escuela no es tan mala como todo el mundo cree...— comienza a decir Haley, y comienza a nombrar un montón de cosas que le gustan del lugar.
De un momento a otro, mi atención completa se dirige a Alice.
Sigue siendo así; todos los que pasan al lado de ella se la quedan mirando de una manera extraña. Frunzo el ceño; su rostro no se mueve hasta que sus ojos se alzan para encontrarse con los míos.
Nos quedamos mirando durante unos cuantos segundos y luego, vuelve a poner su mirada en su paquete de galletas. Un escalofríos extraño me recorre el cuerpo; este lugar entero me provoca una sensación difícil de explicar; es como si estuviera aquí pero realmente no fuera así.
De repente siento demasiado frío y tengo la sensación de que todo el mundo nos está mirando, a pesar de que no sea así; a pesar de que si están mirando a alguien, es a Alice, y a pesar de que todos parecen saber el por qué, menos yo.
— ¿Qué hay de ti, Charlotte?— la voz de Becca se dirige hacía mí.
Sacudo el rostro, algo perdida.
— ¿Cual es tu próxima clase?— pregunta ella.
— Oh— digo yo, rebuscando entre mis cosas el papel de mi horario. Comienzo a esparcir todo encima de la mesa, pero por más que busque, no logro encontrarlo.
Siento cómo la sangre me sube a la cabeza y me quedo pensativa. Oh no. Debió de haberse perdido en el salón del profesor Dawson.
Maldita sea. Lo último que faltaba.
— ¿Todo bien, Charlotte?— pregunta Ulisse. Niego con el rostro, algo agobiada.
— Mi horario— le digo— no lo encuentro.
— Espera— dice Becca buscando entre sus cosas— quizás lo tengo yo.
Le pido a la tierra lluviosa en la que me encuentro que se apiade de mi y haga que el papel aparezca mágicamente en las cosas de Becca; pero ella me mira negando con el rostro. Tampoco tuvo suerte.
— ¿No recuerdas nada de lo que decía el papel?— pregunta. Hago memoria en mi cabeza.
— Creo que mi tercera clase es inglés...
— Matemáticas— me interrumpe Alice, arrastrando una voz seria y ronca. Ella se levanta de su asiento y recoge el paquete de galletas que se acaba de terminar— tu segunda clase es inglés y tu tercera clase es matemáticas.
Todos nos dirigimos a mirarla; ella se pone su mochila en el hombro y desliza su cuerpo fuera del comedor.
Mis compañeros de mesa rápidamente posan los ojos en mí, en busca de alguna explicación.
Inglés y matemáticas- me repito a mi misma mentalmente.
— Raro— dice Becca.
— Debió haberlo leído en mi hoja— le digo, tomando un sorbo de mi leche. — ¿recuerdas que te dije que si me habían dado un ayudante esta mañana?
— ¿Liz?— preguntan todos al unísono. Yo asiento con el rostro, sin dejar de parecer extrañada, asumiendo que Liz es Alice.
— ¿Qué tiene?— respondo con otra pregunta.
— Nada, nada...— dice Ulisse — es sólo que...
— Ulisse — Haley lo fulmina con la mirada.
— ¿Qué?— pregunta él a la defensiva— probablemente ya lo sabe.
— No se supone que debamos hablar de ello— insiste Haley.
— Liz ni siquiera está aquí.
— Ya basta, Ulisse— Becca recoge sus cosas mientras suena la campana para la siguiente clase. — ¿Quien tiene inglés?
— Yo— dice Haley, tomando mi brazo— puedes venir conmigo.
Antes de que pueda decir algo, Haley me arrastra fuera del comedor para llevarme a mi próxima clase. Me doy la vuelta para mirar a Ulisse y Becca, que parecen estar discutiendo en voz baja; lo hacen hasta que finalmente desaparecen de mi vista.
Me muerdo el labio inferior y me quedo pensativa.
¿Qué es eso que todos esconden tanto?