El día martes vuelve a llover. El día miércoles incluso hay tormenta. El jueves caen pequeños granizos, y para cuando es el viernes me doy cuenta de que he estado toda la semana sentada en la cama observando las gotas de lluvia chocar con mi ventana mientras Zeus duerme a un costado como si estuviera igual de deprimido que yo. No puedo dormir. No puedo comer. No puedo reír. Todo me asusta; me aterra que haga cualquier cosa y los recuerdos puedan volver, y lo peor es que una parte de mí cree que es mejor vivir como un fantasma durante el resto de mi vida que ir a terapia y repasar todo en mi cabeza. El sábado por la mañana la policía se aparece por mi casa. Al interior de mi casa, quiero decir, ya que han estado rondando por fuera durante todos estos días. Los periodistas se cansaron

