Cuando era pequeña solía hablar conmigo misma todo el tiempo. Era cuestión de lógica, ¿quien en el mundo entero podría entenderme más que yo misma? Conozco mis pensamientos, mis manías, e incluso me irrito por las cosas que yo misma hago y que, al final del día, sé que volveré a hacer. Hace un tiempo no me encontraba así; hablando tanto conmigo misma. Lo hago hasta que me tranquilizo o hasta que mi propia voz interior es lo suficientemente frustrante como para intentar callarla. Y siempre termino volviendo a mi misma; soy todo lo que tengo. Soy todo lo que tengo en esta pequeña cabaña de Valeria, con un cuerpo muerto en una de las habitaciones, mi corazón latiendo con fuerza y mis manos sin poder dejar de sudar; soy todo lo que tengo y no puedo dejar de hablar conmigo misma. Soy to

