Me quedo quieta ante sus palabras. ¿Ha dicho golpe? ¿Quién debe de regresar a las Vegas? ¿Quién está aquí en Seattle? ¿¡En que anda metido Nicolás!? Retrocedo cada palabra salida de su boca poco a poco. Algo me dice que es mejor no oír esa conversación. Siento que si me quedo oyendo el resto, husmeando, saldré mal parada. Prefiero averiguar por mi cuenta lo que Nicolás trama, pero no así, no con él dentro de la casa. Debo de entrar al despacho y ponerme a buscar algo que aún no sé, pero que me llame la atención. Esperaré a que no esté aquí, para poder husmear libremente. Con cuidado, subo las escaleras hacia la habitación. Debo de ducharme rápido antes de que se acerque y note algo. —Ema. Cariño, no sabía que venderías ahora. Me detengo en seco al oírlo. —Acabo de llegar. Me sentí ma

