¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mami despierta! ¡Despiértate mami! Abro mis ojos de golpe, y me levanto de la cama. La habitación está vacía. No hay rastros de Andrew, ni de Andrés, pero lo oigo. Lo oigo a lo lejos llamarme, gritar que lo ayude. Corro desesperada por toda la casa, pero cada pasillo me lleva a otro, y al final no hay una puerta de salida. —¡Mamá! Volteo y lo veo, está de pie. Luce asustado, angustiado y con ganas de llorar. —¡Bebé! Aquí está mamá —me acerco a sus brazos y lo abrazo con mucha fuerza. Me aseguro de que esté bien, y le prometo que saldremos de aquí. —¿A dónde creen que van? Su voz maquiavélica me hace detener. Quedo fría, estática y sin saber qué hacer. Andrés toma mi mano con fuerza y se escuda detrás de mí. —Si le haces algo a mi hijo, juro que te mato Nicolás. S

