Diana lo siguió a toda marcha buscando una razón para persuadirlo. —Fred… Él se volvió al escuchar su voz. —¿Y te irás? No te basta con renunciar a todo. —No, Diana. Es lo mejor. —Hablemos. —¿De qué? Por mi todo está dicho y demostrado. —No, Fred. Actúas impulsivamente. Te lamentarás. Estás viendo todo erradamente. Fred sonrió al escucharla, haciendo un gesto particular al inclinar la vista. —No eres tan sabio como te crees. ¿Y qué pasó con eso de que serías el viento? —Tiene razón, aquí el tonto directamente fui yo. Es cierto. Lamentablemente Eliot no se encuentra y no puedo desentender algunas cosas, pero en cuanto él vuelva debo y quiero terminar con todo. Fred siguió su camino, ingresando a su alcoba. Ella se quedó petrificada al saber que bajo ninguna razón se quedaría

