Diana vivió muchas dichas y placeres al lado de Eliot, el verano no podía ser más cálido y perfecto en sus brazos. Solía ser un hombre que no sólo sabía hablar de amor, lo sabía vivir y demostrar. Nunca pensó que un hombre calmará su sed de pasión y al mismo tiempo se concibiera segura con él al dormir y sentirse cómodamente sobre sus brazos. Viajaron en Yate a varias costas del mediterráneo. Y pasaron varias noches en Grecia. Diana vivió lo que no esperaba junto a él. Y tal como los sospechaba era romántico y todo un encanto al entregarse. Logró descubrir el exquisito deleite de tener consigo a un buen compañero, amigo, y amante en un mismo hombre. Más que satisfecha con Eliot, estaba profundamente agradecida al cielo por permitirle encontrar lo que siempre quiso, en el momento justo. Y

