Anthony no lo puede creer. A pesar de los años, del tono y el susurro, podría reconocer aquella voz sin miedo a equivocarse. Hace el intento de ponerse de pie, pero está exhausto, su cuerpo está realmente agotado. —Tranquilo —le dice ella acariciando su rostro—. Ven, yo te ayudo. Anthony podría hacerle un escándalo, reclamarle que le mintiera de esa manera todo ese tiempo, pero esperó tanto por esa oportunidad que no la va a desperdiciar con palabras estúpidas. Se deja ayudar por Samira y cuando queda sentado en la silla con ayuda de las correas y ella, sus manos la buscan mientras las lágrimas no dejan de caer por sus ojos. —Dime que no es mentira… por favor, dime que eres tú. —Sí, soy yo… mi amor —Anthony tira de ella dejándola sentada en su regazo, se aferra a ella con un sollozo ca

