Capítulo 4. Un rayo de esperanza

1483 Palabras
El chirrido metálico de la puerta de mi celda resuena en mis oídos mientras entro, una sonrisa involuntaria dibujándose en mi rostro. El familiar olor a desinfectante barato y la humedad del aire me reciben, pero por primera vez en semanas, no me molestan tanto. Lina, mi compañera de celda, levanta la vista de la revista desgastada que está leyendo. Sus ojos oscuros me escrutan con curiosidad. —¿Qué pasó? —pregunta, incorporándose en su litera—. ¿Quién era? Me siento en el borde de mi cama, el colchón delgado hundiéndose bajo mi peso. —Era un abogado —respondo, todavía procesando la conversación—. Un amigo de Giulia, en realidad. Se llama Marcello Donati. Lina arquea una ceja, su expresión una mezcla de escepticismo y preocupación. —¿Donati? Suena a alguien importante. ¿Y dice que va a ayudarte? Asiento, la esperanza burbujeando en mi pecho. —Sí, me cree, Lina. Realmente me cree. Dice que conoce a la verdadera Giulia y sabe que yo no soy ella. —Mira, Amber —dice Lina, inclinándose hacia adelante, su voz baja y seria—. Sé que quieres creer que alguien finalmente está de tu lado, pero ten cuidado. En ese mundo de ricos, no se puede confiar en nadie. Suspiro, entendiendo su preocupación. Le cuento todo lo que sucedió durante la visita: la reacción de Marcello al escuchar mi historia, su promesa de ayudarme, la teoría de que la verdadera Giulia podría estar en problemas. Lina escucha atentamente, sus ojos nunca dejando los míos. Cuando termino, se queda en silencio por un momento, como si estuviera sopesando cada palabra. —Suena demasiado bueno para ser verdad —dice finalmente—. Pero entiendo por qué quieres creerle. Me paso una mano por el pelo, frustrada. —¿Qué otra opción tengo, Lina? Sin él, estoy atrapada aquí, acusada de un crimen que no cometí. Lina se levanta y se sienta a mi lado, poniendo una mano reconfortante en mi hombro. —Lo sé, cariño. Solo... anda con cuidado, ¿vale? No le des toda tu confianza de golpe. Mantén los ojos abiertos. Asiento, agradecida por su preocupación. —Lo haré, te lo prometo. Nos quedamos en silencio por un momento, el sonido distante de puertas cerrándose y voces apagadas llenando el aire. A pesar de las advertencias de Lina, no puedo evitar sentir un rayo de esperanza. Por primera vez desde que me desperté en esta pesadilla, siento que tengo una oportunidad de salir, de limpiar mi nombre. —Gracias, Lina —digo finalmente—. Por escucharme, por preocuparte. Prometo ayudarte también a salir de aquí, se lo consultaré al mismo Marcello —No te molestes linda, ya de aquí no salgo… Ella sonríe, un gesto raro pero genuino. —Además, Para eso estamos las compañeras de celda, ¿no? Ahora, cuéntame más sobre ese abogado guapo tuyo. ¿Dices que tiene ojos azules? Río, agradecida por el cambio de tono. Mientras empiezo a describir a Marcello Donati, siento una chispa de algo que había olvidado: optimismo. Sea lo que sea que me depare el futuro, al menos ahora tengo un aliado. Y eso, por ahora, es suficiente. El sol de la tarde se filtraba a través de las nubes, proyectando sombras irregulares en el patio de la prisión. Me encontraba sentada en un rincón alejado, mis dedos trazando figuras en la tierra húmeda. Por primera vez en semanas, me sentía de buen humor, perdida en mis pensamientos y en los trazos que creaba. Estaba tan absorta en mi improvisado dibujo que no me percaté de las sombras que se cernían sobre mí. Cuando levanté la vista, me encontré rodeada por un grupo de presas, sus rostros endurecidos por años tras las rejas. —Vaya, vaya —dijo una de ellas, una mujer alta con un tatuaje de serpiente en el cuello—. ¿Por qué tan feliz, princesa? Otra se río con sorna. —Ya nos enteramos que te vino a ver un abogado. ¿Crees que vas a salir de aquí? Intenté ponerme de pie, pero una mano pesada me empujó de vuelta al suelo. —No tan rápido, cariño —gruñó la del tatuaje—. No vas a salir de aquí, al menos no viva. Antes de que pudiera reaccionar, el primer golpe cayó sobre mí. Luego otro, y otro más. Intenté protegerme con los brazos, pero eran demasiadas. Los puñetazos y patadas llovían sobre mi cuerpo mientras yo gritaba pidiendo ayuda. De repente, escuché la voz de Lina, cortando a través del caos. —¡Déjenla en paz, perras! A través de mi visión borrosa, vi a Lina empujando a una de las atacantes. En su mano brillaba algo: una navaja improvisada. La blandió frente a las otras presas, sus ojos ardiendo con furia. —La próxima que la toque se lleva esto en las costillas, ¿me oyeron? Las agresoras retrocedieron, pero el daño ya estaba hecho. Yacía en el suelo, semiconsciente, el sabor metálico de la sangre en mi boca. Lina se arrodilló a mi lado, su voz sonando distante y preocupada. —Amber, Amber, ¿me oyes? Resiste, ¿vale? Voy a conseguir ayuda. Pero antes de que Lina pudiera hacer algo más, el sonido de botas resonó en el patio. Los oficiales habían llegado finalmente. —¡Atrás, todas! —gritó uno de ellos, mientras otro apartaba a Lina de mí. —¡Esperen! —protestó Lina—. ¡Ella necesita ayuda! Sentí que me levantaban del suelo. El mundo giraba a mi alrededor, las voces se mezclaban en un zumbido confuso. Lo último que recuerdo antes de perder la consciencia por completo fue el rostro preocupado de Lina desapareciendo entre la multitud mientras me llevaban lejos. En ese momento, la esperanza que había sentido se desvaneció, reemplazada por un miedo frío y penetrante. ¿Sería este el fin de mi lucha por la libertad? ¿Habría llegado Marcello Donati demasiado tarde para salvarme? Abro los ojos lentamente, cada parpadeo es un esfuerzo. La luz fluorescente del techo me hace entrecerrar los ojos, intensificando el dolor que siento en cada centímetro de mi cuerpo. Cuando mi visión se aclara, lo primero que veo es el rostro preocupado de Marcello Donati. —¿Cómo... cómo entraste? —pregunto, mi voz apenas un susurro ronco. Marcello se inclina un poco más cerca, su expresión una mezcla de alivio y preocupación. —Soy tu abogado, ¿recuerdas? Intento sonreír, pero incluso eso duele. —Bueno, al menos me dejaron tener uno. —No sé por cuánto tiempo, Amber —dice Marcello, su tono grave—. Los Rossellini están presionando y, viendo cómo te dejaron esas salvajes, creo que debemos acelerar mis planes. Frunzo el ceño, confundida. —No entiendo lo que dices, Marcello. Estoy convaleciente. Una sonrisa triste cruza su rostro. —Sí, pareces el cadáver de la novia. Irónico. Volteo mis ojos, pero hasta esa acción me duele. —¿Cuál es tu plan? Marcello toma una respiración profunda antes de responder: —Debemos convertirte en Giulia Mastriani. Me quedo en silencio por un momento, procesando sus palabras. “¿Convertirme en Giulia? ¿La mujer de quien me han acusado ser todo este tiempo?” —¿Qué quieres decir? —pregunto finalmente, mi voz mezclada con confusión y un toque de miedo. Marcello se sienta en el borde de la cama, su voz baja y urgente. —Escucha, Amber. La situación es más complicada de lo que pensábamos. Los Rossellini no se detendrán hasta ver a alguien pagar por la muerte de Andrea. Y bueno ahora, tú eres su objetivo principal. —Pero yo no soy Giulia —protesto débilmente. —Lo sé —dice Marcello, sus ojos fijos en los míos—. Pero si queremos sacarte de aquí con vida, necesitamos que lo seas. Al menos por un tiempo. Cierro los ojos, sintiendo el peso de sus palabras. Cuando los abro de nuevo, veo determinación en la mirada de Marcello. —¿Y qué pasará con la verdadera Giulia? —pregunto. Marcello suspira. —Eso es parte de lo que necesitamos descubrir. Pero primero, tenemos que mantenerte con vida y sacarte de aquí. Me quedo en silencio, considerando sus palabras. La idea de pretender ser alguien más, especialmente alguien acusada de asesinato, me aterra. Pero mirando alrededor de la habitación del hospital de la prisión, recordando el ataque, me doy cuenta de que Marcello podría tener razón. —¿Cómo lo haremos? —pregunto finalmente. Una pequeña sonrisa aparece en el rostro de Marcello. —Paso a paso, Amber. Primero, necesitas recuperarte. Luego, comenzaremos tu transformación en Giulia Mastriani. Mientras asiento lentamente, siento una mezcla de miedo y determinación. No sé en qué me estoy metiendo, pero si esta es mi única oportunidad de sobrevivir y descubrir la verdad, tendré que tomarla.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR