Amber El aire en la celda es pesado, cargado con el olor de sudor de cientos de mujeres. Las paredes grises parecen cerrarse sobre mí, pero me obligo a mantener la calma. Me he recuperado poco a poco de los golpes, gracias a mi tiempo en la enfermería. Marcello, con su influencia, me consiguió algunos beneficios que me permitieron dormir y recuperarme. Pero ahora, de vuelta en este cubículo de concreto, vivo en constante alerta. No quiero que me pase lo mismo otra vez. Estoy sentada en mi litera, con la espalda contra la pared fría. Lina, está tumbada en la cama de abajo, hojeando una revista vieja. —Y dime, ¿cuándo viene tu príncipe azul a visitarte? —pregunta Lina, su voz teñida de curiosidad y un toque de burla. Suspiro, pasándome una mano por el pelo. —No lo sé, es tan impredec

