Ha transcurrido más de un mes desde que regresé a México. Durante este tiempo, mi papá y mi abuelo han intentado reconciliarse, y yo he estado sumergida en una serie de negociaciones para cerrar un acuerdo con el señor Lyner. Ahora, mientras me siento en su oficina, puedo ver en sus ojos el deseo de retirarse y disfrutar de una vida tranquila. Es por eso que ha aceptado venderme su fábrica sin demasiadas protestas. La empresa de Lyner se dedica a la construcción, y he visto en ella un gran potencial para expandir nuestros negocios. He pasado semanas revisando cada detalle, asegurándome de que esta adquisición sea beneficiosa para todos. — Me alegra que hayamos podido llegar a un acuerdo, señor Lyner — dije, extendiéndole la mano para sellar el trato. — Igualmente, Aísa. Estoy seguro de

