Jhon Chrysler He estado dos malditos meses en prisión. Debido a la gravedad del delito del que se me acusa, no tuve derecho a fianza. Sin embargo, finalmente ha llegado el momento del juicio. El tiempo en esta celda ha sido una tortura, no solo por el encierro, sino por la incertidumbre de lo que sucederá. Ni siquiera me han tocado los demás presos porque he pagado protección. Ahora estoy aquí, en la sala del tribunal, con las esposas aún apretadas alrededor de mis muñecas. Frente a mí está Aisa, y se ve tan jodidamente hermosa con ese vestido rojo. El rojo siempre ha sido mi debilidad, y mucho más cuando lo porta mi mujer. No puedo evitar sentir una mezcla de deseo y frustración al verla así. Pero mi mirada se desvía hacia Alfredo, ese miserable que se atreve a rodear su cintura y toc

