Capítulo 3: Sharon Mi libertad

2140 Palabras
Con veinticuatro años ya soy conocida en casi todos los gimnasios de la ciudad. Me preguntan, de la forma más discreta, por mi próxima pelea y en qué lugar va a ser, esas personas que lo hacen y me conocen son exclusivas, solo esas personas están informadas de los encuentro en Clandestine circle, sitio donde se organizan las luchas a donde yo asisto. Son reservadas, no están en el mismo lugar más de una vez y casi todo el tiempo cambian en cada convocatoria. Las peleas clandestinas son organizadas por gente realmente jodida. Debes tener demasiado carácter o demasiado coraje para meterte en ellas. Mi tío me organiza las peleas y me representa, fue el quien me entreno durante estos seis años, y tenía casi mi edad, aunque era cuatro años mayor, fue el quien me metió en este mundo, ya que es un exboxeador. Es una terapia realmente productiva para mí. El subirme al ring provocaba la mayor liberación de todas las tenciones del trabajo y de la vida. Para mí era más que una terapia, me liberaba completamente del mundo y de la maldita realidad… — Sharon ¿vamos al gimnasio Royal después del trabajo? – me dice mi amiga Sara. Una morocha extremadamente alta, media 1.70 como era mi altura, delgada y con un increíble gancho. Ella también estaba metida en las peleas. Nunca competimos entre nosotras, como primera instancia era mi mejor amiga y no la veía como rival, además cada vez que entrenábamos le terminaba ganando con una buena patada, pero leve, que la dejaba en un rincón. Se enojaba de vez en cuando, pero luego sonreía como siempre. Si no la conociera tan bien no pensaría que es luchadora. Es demasiado femenina, y cuando digo femenina no es solo por la apariencia ni por los modales solamente, es por su espectacular vestimenta, siempre llevaba faldas, vestidos o jeans realmente ajustados. Ropa que hacía resaltar su silueta. Tenía unos excelentes ojos color miel y las facciones de su cara eran muy bonitas, nariz fina, labios gruesos, mejillas coloradas... no aparenta ser como una luchadora si no la conociera. — Sí, tengo que entrenar liviano de todas formas ya que hoy tengo una pelea con la Cobra. Es la rival que me tocaba esta noche, he visto sus peleas, solo tengo que esquivar algunas patadas sorpresivas que da y evitar marearme con sus vueltas. No le dicen Cobra por pura casualidad, posee los mismos movimientos que ese animal. — Genial, iré a verte como siempre. ¿Me pasas a buscar o lo hago yo? — Yo iré por ti. — Perfecto, luego de la lucha iremos a algún Club. Sinceramente quiero salir, hace mucho no lo hacemos. —Eso es cierto. Veremos después de la pelea. — Oh sí veremos – dice sarcásticamente — vamos a ir, me recomendaron un Club que es solo para mujeres. Después se convierte en un Club mixto, y me dijeron que está muy bueno. Además, ya me han regalado dos entradas VIP. Así que iremos sí o sí. — Prometo poner toda la voluntad posible. — ok – me abraza y me sigue contando sobre ese gran Club, se llama Exclusive Woman, se trata de un lugar donde se dirigen ciento de mujeres para ver a los hombres desnudarse y ponerles unos pares de billetes entre sus calzoncillos mientras se desnudan. La idea de ver eso no me agradaba, pero era mi amiga y quería que la acompañara y despejarse. También yo lo necesitaría así que accedí a ir a ese lugar. Entramos a la gran cafetería DAD`S, es el negocio de los padres de Sara, y gracias a que ella les hablo de mí y de la necesidad del trabajo que tenía me contrataron. Las Luchas eran muy bien pagadas, el ganador se llevaba el cincuenta por ciento de lo recaudado si es que lograba vencer al rival por completo. Por suerte la gente que asistía a esos lugares era de demasiada plata, y la entrada costaba, nada más que mil quinientos pesos, después irían las apuestas aparte. Gracias a mis peleas ganadas nos pudimos mudar con mi mama y con mi tío, que todavía vivía con nosotras luego del accidente, a un edificio con tres plantas, una para cada uno, mi tío también hizo dinero extra con las apuestas a mi favor de las peleas que ganaba, farsante me entrenaba y recaudaba fondos gracias a mí, pero no le reproche nada ya que él fue mi maestro. Así que él puso la otra parte para comprarla. A pesar de la buena paga, no todas las noches había peleas a veces había que esperar meses, y nosotros teníamos que vivir el día a día, así que cada uno tenía un trabajo. Yo trabajaba como camarera, pero esperaba que algún día en alguna pelea me viera algún representante de la liga profesional de King Boxing o alguien con demasiado dinero como para representarme en las ligas, así podría ganar más plata y vivir de lo que me gusta. A mi madre no le agrado el hecho de que me convirtiera en boxeadora libre, pero no se opuso, porque sabía que cuando algo me gustaba era difícil que me lo saquen, era muy obstinada, caprichosa y cabrona. — Buenos días niñas. – saluda la mama de Sara, es la cajera del lugar y a la vez una de las dueñas, una señora mayor con pelo igual de oscuro que la hija, con las mismas facciones, pero más regordeta, perdió su figura luego de sus cuatro hijos. O al menos es lo que ella nos decía y se reía del comentario cada vez que lo sacaba a colación. — vayan a prepararse hoy va a ser un día bastante movido. Asentimos y nos fuimos directo a los cambiadores, no nos sorprendía el hecho de que nos diga que hoy habría mucha gente, ya que todos los días las mesas se encontraban ocupadas por ellas. Especialmente por la mañana toda la ciudad se pasaba por aquí para desayunar o llevarse los pedidos a sus trabajos. Terminamos justo a tiempo cuando la gente comenzaba a ingresar. Lila, Brad y Marcos, los hermanos de Sara ya estaban atendiendo a la gente. Entre los hermanos se llevaban solo un año o dos de diferencia, a excepción de Marcos que era el hermano mellizo de Sara, eran casi iguales, mismo color de pelo, mismos ojos amplios de color miel. Solo que Marcos era más responsable que su hermana. Nos pasamos la mitad de la mañana llenando tazas de café, cortando porciones de pasteles, entregando a las mesas los pedidos, limpiándolas cuando se desocupaba para que volviera a estar llenas y sonriendo con educación por cada propina o comentario que hacían los clientes. Era una rutina diaria así que no me afectaba. Estaba acostumbrada al movimiento diario. Y si no tenía nada que hacer ayudaba en la cocina. No podía estar quieta. — Demonios Sharon, ¿puedes tranquilizarte? – me dijo Sara cuando pasaba al lado mío. Viéndome llevar una bandeja llena con pedidos de dos mesas que atendía. — Ya me conoces amiga. – le digo dedicándole una sonrisa. Me la devolvió al instante, contenta. Mis mesas estaban atendidas y solo se había vaciado una así que fui a limpiarla. Una vez que terminé me dirigí a la barra donde estaba mi amiga con su hermana Lila. Las dos también ya habían terminado de atender a sus clientes, y deberían esperar a que se desocupe alguna mesa. — Hoy sí que esta alocado el DAD`S. – comenta Lila. — Es cierto, no pudimos descansar desde que llegamos. –se queja Sara. Apoyándose en la barra mirando a la gente. — Maldición mira eso. – me dice volviendo su postura recta y codeándome. Dirijo mi mirada a la puerta de entrada, dos hombres entran en el lugar. Eran dos chicos jóvenes extremadamente sexy de aproximadamente mi edad. El primero era un rubio alto de ojos verdes, llevaba una remera negra con unos jeans oscuros también. Tenía tatuajes en la parte del codo izquierdo. Su cabello era largo, le caía hasta los hombros y se lo peinaba hacia atrás. Era la típica figura de un chico surfista. El segundo era un morocho de la misma altura que su acompañante, podría decir que median 1.90. Eran muy altos y robustos, los brazos de ambos estaban bien ejercitados, mostrando cada musculatura trabajada con años de gimnasio, Dios eran malditamente guapos. Llevaba puesta una musculosa celeste que dejaba al descubierto sus grandes e increíbles brazos tatuados, esos dibujos eran negros, atrevidos y demasiado, demasiado sexys. Tenía unos jeans claros gastados, que le caían muy bien en su cintura. Su cabello era de color n***o, su rostro era bien definido desde su frente hasta su mandíbula, no podía ver el color de sus ojos ya que llevaba puesto unos anteojos negros de seguro Ray Ban. Se dirigieron directo a mi mesa, la mesa que hace dos minutos se había desocupado. El morocho sexy miro hacia todos lados buscando a la camarera, que para mí agrado y sorpresa resultaba que era yo. Se sacó sus lentes y… OH SANTO DIOS… tenía unos espectaculares ojos azules, ese azul que solo ves en el mar, eran tan cálidos y a la vez tan puros, que podías llegar a ver su alma. Miro directo a mi dirección y sus ojos se clavaron en los míos, su mirada era atrapante, tenía un filo de sorpresa, pero al instante se serenó, se extendió por su boca una gran sonrisa, que luego se curvaba hacia un lado y junto a su mirada que no se apartaba de la mía. Mierda, mierda y más mierda. No podía moverme, me faltaba el aire y todo a mi alrededor se nublo, era la primera vez que me sentía derrotada, era la primera vez que mis hormonas gritaban por cada parte de mi cuerpo y me sorprendió que en especial pasaran hormigueos entre mis piernas. No voy a decir que era virgen y que no lo había hecho, porque sería mentira. Pero juro que no miento cuando digo que la sensación de calor y excitación que experimento en este momento es por primera vez cuando veo a un hombre que no conozco. Sentí una mano sobre mi hombro cayendo en la realidad. Logre desviar la mirada y ver de dónde provenía esa mano, era de Sara que no dejaba de ver hacia mi mesa. Estaba hipnotizada por la perfecta imagen de los dioses de ADONIS — Si no quieres ir tú. Con mucho gusto iré yo. – me dijo dando un paso. La detengo y me pongo un paso delante de ella. — Ni lo digas, esa mesa es mía. – digo agarrando mi bandeja y mirando hacia el lugar donde estaban los Dioses de la perfección. — Bien, pero déjame uno. — Solo los atenderé, Sara. — Pero si te dan sus números quiero el del rubio. – yo sabía que la debilidad de mi amiga eran los rubios, así que respire hondo de alivio cuando lo pidió. — De acuerdo, pero ellos me lo darán, no les pediré nada por ti. — ok, ve.- insiste. Me dio un empujón y la mire por un segundo, la cara de mi amiga era parecida a la de un niño que conoce por primera vez el parque de diversiones, es la misma expresión de diversión, sorpresa y excitación que se tiene cuando estas frente a la montaña rusa. Me reí ante su forma de actuar frente a los chicos guapos de mi mesa. A medida que me acercaba, me ponía más nerviosa, los ojos de ese chico eran intimidantes además de serenos, y su sonrisa que se corría hacia un lado de su boca era demasiado bella para mis ojos, aun más cuando se le formo un hoyuelo en la mejilla. Cambio en un segundo de estar serio y reservado, a ansioso y divertido con esa perfecta expresión y cara de niño bueno, no puede ser tan guapo, tan bello, tan… Dios, Sharon debes controlarte, me dije a mi misma. Son tus clientes, ponte seria. Hice todo lo posible para cambiar mi expresión de sorpresa y excitación, a medida que me acercaba, me concentraba en pensar solo en la pelea que tenía esta noche, en la cantidad de plata que recaudaría si ganaba y, viajando a un tema que me tenía pensando todos los días de mi vida, que me aterrorizaba, me preocupaba y que temía, del cual me preparaba, que era la libertad de mi padre que estaba llegando dentro de poco. Pero esos ojos, esa sonrisa y ese hoyuelo, bloquearon todo pensamiento serio y preocupante. En lo único que pensaba al tener las hormonas al máximo en este momento, era en cómo sería tenerlo en mi departamento, especialmente en mi cama.
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