57. Esto no ha terminado. Unas horas antes… El celular vuelve a sonar. Él contesta. —No puedo ir a verla… —dice él conteniéndose—. Si quiere que venga ella, con gusto la recibiremos… eso no es muy amable de su parte… Está bien. Iré, díselo —cuelga. —¿Quién era? —El nuevo asistente de mi madre. —Mi madre —lo dice con algo de pesadez en su voz. —¿Están enojados? —Algo así… ya lo solucionaré. —¿Piensas salir? —Tengo que ir a verla —lo dice como si fuera algo malo. —Te acompaño —le ofrezco, aunque ha sonado más a una orden. —No es buena idea, pero lamento tener que hacerlo. Así que me quedo sola pero no me siento de esa forma. La verdad es que pasamos toda la mañana tomados de la manos como unos adolescentes enamorados, en un arranque impulsivo bajamos de la limusina para entrar a

