49. Jamás me pondré de rodillas. —Hey… insignificante… Tal parece que no me ha visto. Eso es bueno para mí, es mi as bajo la manga. —Mujer barata… Sal de tu agujero… Pero si sigue así, pavoneándose de mí, y soltando todas esas sartas de intentos de insultos no me quedaré con los brazos cruzados… —Dime, dime… ¿Cómo hiciste para que se fijara en ti? —suelta la chiflada, y me confirma que ya sabe que estoy aquí. —Yo no hice nada… ¡absolutamente nada…! –grito sin pensar en que le estoy regalando mi ubicación— ¡Idiota! —¡Por eso es que te odio tanto! Yo hice de todo para estar cerca de Brian, para que se fijase en mí, para estar a su altura… me ha costado tanto, tantísimo… ¡Tenía a su familia comiendo de mi mano! Y vienes tú a arruinarlo todo. ¡Dime en qué lugar del mundo eso puede ser

