36
La despertó el ruido de alguien tocando a su puerta. Miró el reloj para enterarse que faltaban pocos minutos para las ocho de la mañana. Sintió un leve dolor de cabeza, producto de las siete cervezas consumidas la noche anterior. Volvió a escuchar el ruido antes de levantarse, lo que la obligó a apurarse para salir a atender. Caminó lentamente hasta que su mano se posó sobre el pomo de la puerta. Al abrirla se encontró con la figura de Amanda, quien le dirigió una pequeña sonrisa.
–¿Te desperté?
–Creo que sí, pero no te preocupes, creo que ya era hora de levantarme –Carrie le indicó que siguiera. La atractiva subgerente, vistiendo su ropa formal de trabajo se sentó en un extremo del sofá, sentándose Carrie en el lado opuesto.
–¿Estás pensando mal de mí? –preguntó Amanda antes de morderse el labio inferior.
–¿Por qué habría de pensar mal de mi mejor amiga en Colombia? –Carrie frunció el ceño al tiempo que mostraba una linda sonrisa.
–Ya sabes, por lo de anoche…
–¿Porque bailaste con Kim?
–Sí… –respondió Amanda bajando la mirada.
–Si hubiera pensado mal te lo hubiera dicho anoche.
–No podías, todo el tiempo estuvo Kim ahí, y Fabio y Verónica no se te despegaban.
Carrie recordó la manera cómo la parranda se había prolongado hasta la media noche, sin que ni ella ni sus dos compañeras se hubieran detenido a cenar, lo que había logrado potenciar el efecto embriagante de las cervezas. Una vez el conjunto de músicos vallenatos se había marchado, Fabio los había convencido a todos para que se metieran al mar, idea apoyada por Kim y Alan, quienes gracias a los efectos del licor no habían tenido inconveniente para convencer al resto del grupo. Amanda no se había separado de la rubia norteamericana y a Carrie le pareció ver que las dos muchachas se habían besado entre las olas, aunque no estaba totalmente segura. Pero de lo que sí estaba segura era de haber rechazado a Fabio en el momento en que intentó besarla, estando dentro del agua, lo que había llevado al muchacho de los ojos verdes a alejarse de ella por un buen rato, mostrando una faceta más reservada de su personalidad, oportunidad que había aprovechado ella para escuchar a Verónica, quien no había parado de hablarle acerca de sus antiguos romances, de lo cual Carrie ahora recordaba muy poco.
–Amanda, cada uno es libre de hacer lo que quiera y yo no soy nadie, y mucho menos en este país, como para venir a criticar lo que tú hagas o dejes de hacer.
–Es que…, mira, es que yo estoy muy confundida… –Amanda mostró un rostro lleno de angustia.
–Si quieres contarme…
–¿Por qué no vas desayunando y yo te voy contando mientras tanto?
Carrie se puso de pie, se acercó a la pequeña cocina, se sirvió una taza de cereal con leche para después preguntar a su amiga si le apetecía desayunar algo.
–Tranquila, yo ya desayuné en mi apartamento.
Carrie se sirvió un jugo de naranja, y tomando la taza del cereal en una mano y el jugo en la otra se desplazó a la mesa del comedor.
–¿Y a qué se debe tu confusión?
Amanda la miró indecisa, tomó una profunda bocanada de aire y miró al techo antes de responder.
–Anoche me dejé llevar. Sé que sería muy fácil echarle la culpa al trago, a la música, al ambiente, ya sabes…
–Creo que era el ambiente perfecto para todo…–Carrie tomó un par de sorbos del contenido de su vaso de jugo y continuó con el cereal.
–Sí, claro, pero es que esa pelada me atrajo mucho, yo no sé si te diste cuenta de cómo me miraba desde que fuimos a buscar a Nelson…
–Tengo que hablar con Nelson –la interrumpió Carrie.
–Sí, no creas que se me ha olvidado, debe estar por llegar –Amanda miró su reloj de pulso.
–Perdona por la interrupción…
–El caso es que… no sé…, después ella comprándome esa ropa, ya sabes, toda especial…
–Amanda, no tiene nada de malo si ella te gusta –Carrie la miró a los ojos sin olvidar obsequiarle una espectacular sonrisa.
–¿En serio? –preguntó la subgerente mordiéndose el labio.
–Mira, te voy a ser sincera. Yo desde que te conocí sospeché de algo así…
–¿Era tan obvio?
–No es que fuera obvio –Carrie tomó otro sorbo de su jugo–, pero la manera cómo me miraste el día en que nos conocimos me dejó la duda, pero igual no conozco bien la forma de mirar ni de ser de los colombianos y cuando me dijiste que te gustaban los pelados más jóvenes, entonces me olvidé de eso.
–Pero es que sí me gustan, no te estoy mintiendo, te lo juro.
–No es necesario que me jures nada, yo te creo. Me imagino que simplemente te gustan los hombres y las mujeres.
–Pero es que no estaba tan segura de eso… hasta anoche –Amanda volvió a bajar la mirada.
–¿Nunca antes habías tenido una experiencia con otra mujer?
–Jamás, anoche fue la primera, pero bueno, fue solo un beso, de ahí no pasó.
Carrie confirmó que lo que le había parecido ver, entre la oscuridad de la noche y la fuerza de las olas, había sido cierto.
–No tiene nada de malo que algo más hubiera pasado.
–No lo sé… Mira, yo he tenido muchos novios en esta vida, desde que tenía quince años… No me las quiero tirar de artista, pero siempre tuve mucho éxito con los hombres, pero entonces hace unos tres años, más o menos, llegó un momento en el que sentí como una especie de vacío, ¿sí me entiendes? Había salido con tantos hombres que creo que por eso se me ocurrió que sería diferente y divertido salir con pelados más jóvenes, y no tuve problema en levantarme un par, y me gustó bastante pero creo que no fue suficiente para salir de esa especie de rutina… Entonces un día, estando en una playa del Tayrona…
–¿Tayrona? –la interrumpió Carrie.
–Sí, son las mejores playas de la zona, un poco alejadas de aquí, pero un día tenemos que ir…
–¡Me encantaría!
–El caso es que estábamos en un paseo con unos amigos, allá en esas playas, y de pronto vi una pelada muy linda, rubia de cabello corto, con un cuerpo de locura, podría tener unos veinte años, y estaba ahí sentada tomando el sol en topless…, después me enteré que era francesa… Pero ese día algo hizo click en mi cerebro, me imagino que tenía que ver con la rutina que empezaba a ver cuando salía con hombres. Y entonces me dieron ganas de acercármele, de hablar con ella, de besarla…
–¿Y lo hiciste? –preguntó Carrie levantándose de la mesa para irse a sentar frente a su amiga.
–No, qué tal… Se quedó en eso, en ganas. Pero ese día descubrí que podía sentir ese tipo de atracción, y te confieso que esa idea no me ha dejado en paz desde entonces.
–¿Pero nunca hiciste nada al respecto?
–No, es solo algo que ha permanecido en mi mente y que he tratado de borrar, de olvidar, pero supongo que solo se necesitaba del momento indicado y la persona indicada para que todo saliera a flote.
–Pero bueno, ya lo sabes… o por lo menos ya estás más segura de lo que te gusta… creo yo.
–Carrie, no quiero que nadie del resort se vaya a enterar de esto…
–No te preocupes, yo confié en ti y ahora tú puedes confiar en mí, puedes estar segura –Carrie le dirigió una mirada dulce y comprensiva.
–Gracias, en serio… ¿Pero vas a seguir siendo mi amiga?
–Lógico, ya te dije que tú eres mi mejor amiga. Lo único que te pido es que me veas como tal, porque a mí no me gustan las mujeres y no querría que de pronto me pudieras llegar a ver como… ya sabes…
–Lo sé, y te prometo que no vas a tener que preocuparte por eso, tú vas a ser mi amiga y nada más que eso.
Fue el momento en que alguien tocó a la puerta. Carrie miró el reloj, el cual marcaba las ocho y diez de la mañana, antes de levantarse a abrir. Al otro lado la esperaba un muchacho luciendo el uniforme característico de los botones del resort y una expresión en su rostro que revelaba preocupación. Amanda se levantó y fue hasta la puerta antes de decir:
–Nelson, buenos días.
–Señorita Amanda, señorita Carrie, que pena venir a interrumpir, Clara me dijo que usted estaba aquí –dijo Nelson, su mirada enfocada en la subgerente.
–Sí, Nelson, ¿te dijeron que te andábamos buscando?
–Sí, señorita, por eso estoy aquí.
–Tengo entendido que antenoche llegó una carta para Carrie y que ayer en la tarde se la tenías que traer.
–Sí, señorita, pero ahora caigo en la cuenta de mi error. Imagínese que por la cantidad de gente que llegó a esa hora, yo andaba todo atareado y me confundí, y creo que dejé la carta de la señorita Carrie en el bungaló doce, el que está aquí en diagonal –Nelson señaló con su mano hacia su izquierda. Pero si quiere ahora mismo voy y se la traigo.
La mirada de Carrie pasó de Nelson a la subgerente sin saber si lo mejor era esperar a que el botones la trajera o si sería mejor que ella misma la reclamara.
–Tranquilo, mejor regresa a tus labores, nosotras nos encargaremos de reclamarla, ¿no sabes quién está hospedado en el doce? –dijo Amanda mirando en la dirección del bungaló.
–Unos de los pelados que llegaron ayer en esa excursión de Estados Unidos.
–Listo, Nelson, gracias, nos vemos ahora más tarde –fueron las últimas palabras de Amanda antes de que el botones se retirara.
–Si quieres te vas alistando y mientras tanto yo te traigo la carta… –le propuso Amanda a su amiga.
Sin embargo en ese momento sonó el teléfono y Carrie se apresuró a ir a contestar.
–Hola…
Al otro lado de la línea escuchó a Clara, la recepcionista, indicándole que el gerente del resort deseaba entrevistarse con ella y que le gustaría verla antes de media hora en su despacho. Carrie devolvió el aparato a su lugar y se quedó mirando a su amiga.
–¿Quién era?
–El señor Ramírez quiere verme en su oficina en media hora… ¿Sabes para qué puede ser? –la expresión de preocupación en su lindo rostro era evidente. El condenado juez Carver seguramente no partiría antes del mediodía y hasta que no lo viera por fuera de los terrenos del resort, sabía que no podría respirar tranquila.
–No tengo ni idea, debe ser alguna bobada, no pongas esa cara.
–Me voy a bañar y alistar. ¿Tú me puedes reclamar esa carta, por favor?
–Ya mismo –dijo Amanda dirigiéndose hacia la puerta, alístate y vuelvo en quince minutos.
Carrie tomó una rápida ducha con agua fría que la ayudó a terminar de borrar lo poco que le quedaba de malestar. Se puso una falda blanca que le llegaba arriba de la rodilla, una blusa azul desprovista de mangas, organizó su cabello y su maquillaje y alcanzó a lavar los platos del desayuno para el momento en que Amanda regresó.
–A esos compatriotas tuyos no los levanta nadie, me cansé de golpear la puerta pero no abrieron –Amanda mostraba frustración en su rostro.
–¿Pero estarán ahí?
–Sí, dejaron una cortina abierta y se alcanza a ver que están durmiendo, me imagino que la parranda de anoche estuvo buena…
–Bueno, si llevo esperando dos días para ver esa carta, supongo que no importa que espere un rato más, me voy a ver al señor Ramírez –dijo Carrie saliendo del bungaló en compañía de la subgerente. Pero apenas habían caminado unos metros cuando Amanda le llamó la atención a la joven instructora de inglés.
–Niña, si vas a verte con el señor Ramírez, creo que mejor regresas y te pones las sandalias.
–Tienes razón –dijo Carrie deteniéndose–, supongo que algún día tendré que acostumbrarme a las formalidades de los colombianos.
–Sería mejor al revés, pero por ahora… –dijo Amanda ofreciéndole una dulce sonrisa.