Cuando mi mamá se hubo ido de la habitación, me sentí sola en esa gran pieza, hablar con mamá me había sacado un gran peso de encima, poco a poco mi corazón se estaba abriendo a todos los sentimientos que habitaban en él y eso me hacía sentir verdaderamente bien. Necesitaba una amiga, aunque nunca antes lo había admitido necesitaba una amiga, alguien a quien contarle mis cosas y me diera consejos que muy probablemente no seguiría, pero da igual, la intención es lo que vale. De hecho ahora que pienso en los amigos me he dado cuenta de que Diego no se ha aparecido para verme, lo que es raro en él. Tocaron la puerta invadiendo completamente mis pensamientos. —¡Pase! —dije y la puerta se abrió dando a paso a Diego, en mi cara automáticamente se formó una gran sonrisa, pero él no venía solo,

