Capítulo 3: El beso

1540 Palabras
—¡Tamara! —me regañó  mamá, pero es que ver al Alonso que sí conocía parado en frente mío, era como para matarse. Era como para caerme de las escaleras. —Lo siento —me disculpe y termine de bajar la escalera, me situé al lado de mamá y le pedí disculpa con la mirada, además si ella me hubiera dicho quién era desde un principio, en vez de andarse con secretitos nada de esto habría pasado. O quizás igual hubiera pasado pero obvio ya no lo descubriremos. —¡Hola! —Me saludo el papá de Alonso y el ahora novio de mamá, sonriendo como idiota. ¡Querrá que me tire a sus brazos o qué! —Hola —saludé de vuelta y fingí una sonrisa que al parecer me salió bien ya que mi mamá no me regaño. —¡Hola! —dijo Alonso, y yo le devolví el saludo con un asentimiento de cabeza, por supuesto mi mamá me dio una pequeña palmada en la espalda y empujándome hacia Alonso. —¡Hola! —dije y traté de zafarme pero él me agarró de los brazos y me dio un fuerte beso en la mejilla que envió toneladas de cargas eléctricas hacia mi cuerpo—.  ¡Hay!, me diste la corriente —dije haciendo una mueca. Mamá y "mi nuevo papi" se rieron mientras que Alonso y yo nos mirábamos como si nos hubiéramos quemado, lo que muy probablemente sucedió. Entramos al comedor "el nuevo papi" se sentó de cabecera de mesa, lo miré con odio, papá solía sentarse en ese puesto antes y él estaba tratando de ocupar ese lugar y lo peor de todo es que mi mamá lo estaba dejando sin siquiera preguntarme.  Mamá se sentó al lado de él y yo me senté lo más lejos posible de los dos, al otro extremo de Ricardo. Alonso se sentó al otro lado de su papi y no dejaba de mirarme, me ponía de los nervios, o mejor dicho me irritaba.  Empezamos a comer y todo estaba muy tenso, mejor así, y mi mamá se daba cuenta de que era mejor estar sola y no meterse con el padre del chico estrella de la ciudad, esto sí que se iba a comentar en este estúpido pueblo, ¿quién lo iba a pensar? el chico bueno de la ciudad es el nuevo hermanastro de la chica mala de la ciudad.  Ridículo. —Así que… —arrastró las palabras el padre de Alonso—.  ¿Cómo te ha ido en el colegio Tamara? —rodé los ojos para mí, podía notar su incomodidad, y la de todos, porque nunca nos habíamos visto, mi mamá había estado saliendo con Ricardo hace ya bastante tiempo, pero nunca nos habíamos sentado a comer juntos y creo que no estoy preparada para esto. —Bien —dije tratando de que hasta aquí quedara el tema. —Y, ¿a ti Alonso? —preguntó educadamente mi mama. ¡Hay por favor!, ni que estuviéramos cenando con el presidente. —Sí, también me ha ido bien —dijo sonriendo—. Gracias por preguntar señora… —dice Alonso dejando la palabra en el aire, se nota que no sabe cómo decirle, y eso me hace reír porque mi mamá odia que le digan señora. —¡Por favor!, dime Carola… —dijo mi madre sonriendo, bueno si tanto le gusta que se quede con él, "eso sonó un poco de niña chica" Después de eso mi mamá y su nuevo novio empezaron a hablar junto con Alonso y yo quede completamente excluida del grupo, si está bien, no quería estar aquí, pero disimulen un poco. Tire mi tenedor que sonó contra la porcelana del plato y me pare sin mirar a nadie. Subí los escalones de dos en dos y cerré la puerta de un portazo que ojalá hayan escuchado todos desde abajo. Me tire en la cama y pensé en papá y en mi hermana, él era mi mejor amigo, siempre me ayudaba y me daba los consejos más sabios que he escuchado, mi papá era mi ídolo y mi hermana, era mi complemento, mi otra mitad y  me los quitaron. Lo peor de todo es que no pude hacer nada. Sentí una lagrima caer de mis ojos, y hacer todo el camino por mi mejilla hasta mi cama, luego todas las lágrimas que he guardado desde la muerte de ambos salieron a la luz. Me sentía perdida sin ellos, y sabía que mamá se sentía igual, y la verdad yo no se lo había hecho muy fácil pero aún no estábamos preparadas para esto. No aún.  —¿Tamara? —pregunto alguien suavemente desde fuera. —¿Qué quieres? —pregunte tratando de esconder mi llanto —Quería saber si estás bien —dijo y cuando no respondí volvió a preguntar—. ¿Estás bien? —  —¡Estoy bien! —dije y un sollozo escapó involuntariamente de mi garganta, papá siempre me hablaba así cuando estaba triste. —¡Voy a pasar! —dijo  como si fuera un niña pequeña—. ¡No me golpees! —  Se me escapó una pequeña risita. Cuando entro en mi habitación su cara demostraba preocupación, ¿por qué?, no sé, ni siquiera nos conocíamos hasta hoy, es decir, yo sabía quién era y él, sabía quién era ella yo, pero nunca habíamos tenido una conversación y no la habríamos tenido si no estuviéramos en esta situación. Entró y miro por toda la habitación como si la estuviera analizando, luego se sentó al lado mío en la cama y me miro a los ojos. A mí no me agradaba su persona pero debía admitir que sus ojos eran hermosos. —¿Por qué lloras? —preguntó tratando de secar una lágrima que se escapaba de mi ojo pero yo corrí la cara. ¡No te pases de listo chico! —¡No te interesa! —digo con veneno, porque es verdad no le interesa no sé porque todavía sigue en mi habitación, lo único que quiero es que su papá y él salgan de mi casa y no vuelvan nunca más. —Pronto seremos hermanos… —Comenzó pero lo detuve de inmediato, lo mire con odio.  - ¡Nunca! —dije y él me miro sorprendido—. Yo ya tengo una hermana, y no necesito otro —   —¿No quieres que tu mamá sea feliz? —me preguntó, ¡Diablos sí! Quiero que sea feliz, quiero yo también ser feliz pero no es esta la manera, no se cual es, papá habría sabido, pero él no está. —¡Sí! —dije en un susurro que apenas se escucho, pero que estaba segura él sí escuchó. —Eso pensé —dijo y yo lo mire—. ¡Es feliz con mi papá, se le nota en los ojos —dijo dándome una sonrisa. Otra vez las lágrimas fluyeron libremente por mi cara, no sabía si lloraba de rabia, porque él seguía aquí con su padre o de pena pero no quería que él me viera así pero no podía detenerlas, estaba siendo débil, papá me enseñó que no debía ser débil y ahora lo estaba siendo. —¿Extrañas a tu papá? —preguntó tomando mi mano, por alguna razón deje que la tomara, se sentía tan reconfortante en estos momentos. —Sí —dije sollozando. —Te entiendo —dijo despacio, lo miré, mi mirada estaba obstaculizada por las lágrimas pero podía distinguir sus ojos azules como el mar—. También extraño a mi mamá —dice soltando un pesado suspiro. Ambos  habíamos perdido  a nuestros padres, compartimos esa conexión. Solo que quizás él lo había sabido llevar mejor que yo. ❀.•° ✿.•° ❀.•° ✿.•° °•.✿ °•.❀ °•.✿ °•.❀❀.•° ✿.•° ❀.•° ✿.•° °•.✿ °•.❀ °• Al otro día llegué al colegio como todos los días, que ayer me haya sentido débil frente a Alonso no cambia nada entre nosotros, su papi sigue tratando de ocupar el lugar del mío y no lo voy a permitir, si él quiere otra nueva mami, bien por él, pero yo ya tengo un papá ,no necesito otro. —¡Tamara! —me gritó Alonso, al escuchar mi nombre todos se nos quedaron mirando, ellos querían un espectáculo, entonces eso tendrían. —¡Alonso! —dije en saludo y agarré su camisa y lo atraje hacia mí. Puse mis labios sobre los suyos y una corriente de electricidad corrió por mi cuerpo, él no perdió tiempo y me devolvió el beso poniendo sus manos en mi cintura. Cuando terminé el beso, sus ojos azules brillaban y todos ahora estaban comentando, tendrían algo de qué hablar. Sé que  estuvo mal lo que hice pero no podría decir que no me gusto porque lo hizo, y mucho. Más que dar que hablar fue por probar esos labios carnosos, pero no iba a dejar que él se enterara. Me miró como pidiendo una explicación, pero yo no tenía ninguna así que solo le di otro beso en la  mejilla y seguí caminando a la clase que compartía con Alonso, esta es la única clase que tenemos juntos y nunca antes habíamos hablado y ahora que prácticamente nos besamos va a ser mucho más interesantes o ¿no?. —¿Qué fue eso? —preguntó Alonso sentándose al lado mío muy enojado. —Un beso —dije como si no fuera obvio. —¿Por qué? —me pregunto. —¿Por qué?, ¿Qué? —le dije mirando inocentemente. —¿Por qué me diste un beso? —preguntó irritado. —¿Qué no te gusto? —pregunté haciendo un puchero. —No es eso —dijo. Sonreí—. No quiero que me uses como algo para lo que hablar —dijo pasando una de sus manos por su pelo. ¿Qué come que adivina? —¡Como se te ocurre! —dije haciéndome la ofendida, él me miro feo. Iba a preguntarle que si era gay pero justo entro la malhumorada de la profesora de lenguaje y me tuve que callar, podríamos decir que no me tiene muy buena. Diego estaba en la otra esquina hablando con Katy una morena que le interesaba mucho, no para un relación, pero si para un viaje gratis a su habitación.
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