—Odio a Dave— gruñí mientras Chrissy me ponía un pequeño parche en la mejilla—. Solamente quería acariciarlo, ¿por qué demonios se me subió a la cabeza y se puso a morderme la cara y a sacarme el cabello? Tengo un hueco en la cabeza del porte de una bola de bullying. ¿O era bowling? Oh Dios, sabía que decirle calvo a Mike traería consecuencias. Estúpido karma y leyes universales. —¿Podrías calmarte?— se quejó Chrissy echándome alcohol en la herida que tenía en la frente—. Y el que te atacó no se llama Dave, se llama Klaus. —¿Es mi culpa que tengas once perros? ¿Cómo puedes siquiera diferenciarlos? Casi todos son de la misma r**a. —Todos son de una diferente r**a. No hay siquiera dos similares. —Pues todos los perros se parecen. ¡Auch!— chillé al sentir ardor en mi rostro—. ¡Eso lo hici

