—¡MALDITA SEA, LINA, DEJA DE MORDER MI PIE!— chillé arrastrándome por el piso y tratando de golpear a la rubia psicópata. Me mordió la pierna—. HIJA DE... ASLAN— gruñí refiriéndome al león de Narnia. Se rió como maniática otra vez y me volvió a morder, para después agarrarme de los tobillos y arrastrarme por el piso haciendo que me alejara de la puerta del departamento 305. Porque no podía regresar al edificio sin primero ser atacada por alguien, no, eso habría sido demasiado normal. Esto se volvería una tradición. —No dejaré que vuelvas a pisar ese departamento. El día que no estuviste aquí fue magnífico— soltó. Dejé de aferrarme al piso y me dejé llevar por ella por la pereza que me producía hacer fuerza—. Hacía siglos que no era lo mismo. Tú solamente traes problemas a este edificio,

