Melinda sentía la ira recorrer cada vena de su cuerpo, el hombre frente a ella la llenaba tanto de amor como de rabia y eso era realmente sofocante por la intensidad de sentimientos que la invade cuando se trata de él. La lámpara estrellándose justo al lado de su cabeza alertó a Aspen, es un hombre que no le teme a nada, pero la mujercita frente a él le mete los pelos y eso a nadie se lo puede negar. Su dulce luna ha cambiado radicalmente y por más que le pregunte ella no le dice nada. ―¡No lo comprendo! ―Exclamó retrocediendo. ―Dijiste que me amarías con todo lo que soy, ¿Qué ha cambiado? ―¡No puedes llevar a un simple niño a la guerra, Aspen! ―Gritó más enfurecida, es como si él fuera incapaz de sentir empatía y así era, no lo culpaba por eso, pero le daba rabia que no pudiera compr

