Dejé salir lo que oprimía mi pecho, pero la sensación de aspereza bailaba en el aire. Esa no era una pregunta difícil de responder ni mostrar, sin embargo no quería que Rose pensara lo peor de la mujer que dirigía la nación junto a un hombre que haría lo que fuera para asegurar el bien del mismo. Quizá hablé demasiado en ese momento y con el tiempo me arrepentiría. Lo que si sabía era que no podía continuar con eso trancándome el oxígeno. Si lo que deseaba era conocer la oscuridad detrás de la reina, podía cumplirle el deseo. Lo único que no le gustaría a Rose, fue lo primero que preguntó cuando callé. Me dolería decir la verdad, pero ella la suplicó. ―Cuando te refieres a tomar decisiones por ti, ¿hablas del matrimonio con Dominic? ―Es una de ellas. —Asentí—. No te quiero mentir. Nunca

