Rose abandonó la habitación y me dejó para terminar de desempacar los obsequios que nunca utilizaría. La verdad no sabía qué pensaban cuando decidieron regalarme un vestido de una generación pasada, un jarrón en forma de gárgola que al parecer traía suerte al matrimonio y una tetera con el emblema de la corona. ¿En verdad pensaban que los necesitaba? El resto de la tarde rompí envolturas y pensé en la fotografía que nunca abandonó mi mente. Pensé tanto en Drake, que mis recuerdos brotaron de los escombros y regresaron a la actualidad, como si acabase de verlo y me entregara el collar. Con él sentía una atracción increíble, de otro mundo, galaxia, planeta; uno donde no éramos dos desconocidos que se encontraron demasiado tarde. Horas más tarde, mientras comía una recatada porción de fruta

