Los rayos de sol se incrustaron en mis párpados, impidiéndome continuar con las horas de sueño necesarias para soportar un día más. La última pesadilla continuaba fresca en mi mente, por lo que preferí dejarla allí en lugar de anotarla en lo que se convirtió en un diario macabro. Dominic dormía a mi lado. Podía escuchar su respiración y el golpeteo de su corazón en el silencio. Comenzaba a gustarme su compañía, aun cuando la mayor parte del tiempo estaba indagando sobre el destino que aún no podía conocer. Me detuve a mirarlo, sin importar nada más, tentada a acariciarlo. Sin pensarlo, coloqué una mano sobre su corazón y descendí con lentitud sobre su rostro, dispuesta a dejar un beso en su mejilla. Dominic, siendo el seductor de siempre, giró su rostro con rapidez y besé sus labios en lu

