Miedo

1709 Palabras
-          ¡Qué demonios hiciste! – Grito Aka, el pequeño carpintero más robusto y de temperamento caluroso. - ¡Te das cuenta de que ese ridículo golpecito es completamente ineficaz ante un dragón! -          ¿Cómo que ineficaz? – Le interrumpió rápidamente Rojo, el otro carpintero más delgado. - ¿Acaso no viste como se ilumino después del impacto e hizo que el pajarote se cayera? – Se detuvo un momento a mirar hacia la ciudad y después regreso su mirada a Aka. – Si de algo estoy seguro es que ese golpe, ¡Si le dolió! Ambos se quedaron discutiendo entre ellos un momento y no me prestaron mucha atención, lo cierto es que poco me importaba lo que pensaban… Y sé que suena rudo o grosero pero la realidad es que simplemente me preocupaba más mi ciudad que todo lo demás. El dragón tras haber sido derribado ya no volvió a prender vuelo, pero creo que eso sería peor y se me acababa de ocurrir… Desde el cielo las personas podrían esconderse tras escombros, dentro de edificios o cualquier otro sitio fuera de la vista del dragón, pero con este en tierra firme las cosas serían peores… Al llegar esta idea a mi cabeza abrí los ojos tanto como pude y posteriormente comencé a correr a toda velocidad una vez más, afortunadamente ya estaba cerca pero desafortunadamente el dragón lo estaba aún más; esas pequeñas aves no se dieron cuenta de que me había ido y esta vez estaba solo aquellos dos se quedaron atrás y creo que es lo mejor pues sería peligroso para criaturas tan pequeñas estar cerca de un ser tan peligroso e indomable como lo es un dragón. Mientras me acercaba a la ciudad, el calor se iba intensificando, aquel horrible olor que percibía se intensificaba y por más que lo intentaba no podía escuchar algo más que fuera al dragón mismo, quería escuchar gritos, sollozos, pedidos de auxilio. Cualquier cosa que me indicara que alguien seguía con vida… Pero solo alcanzaba a escuchar las llamas ardiendo, edificios derrumbándose y un dragón que ocasionalmente rugía al tiempo que escupía un fuego tan caluroso que fundía las rocas de los edificios por donde la flama avanzaba. Al estar en la muralla principal, la cual se encontraba completamente destruida y permitía ver todo hacia el interior mi sospecha iniciar, mi miedo primordial y lo que más me dolía se hizo completamente evidente; Soy el último sobreviviente de esta ciudad Elfa… Ya no queda nadie, mi ciudad no es más que un cumulo de rocas que alguna vez edificaron una ciudad y en el suelo descansan aquellos con quienes alguna vez compartí un pedazo de pan, las lágrimas salían de mis ojos con frecuencia elevada y mi cuerpo comenzó a tener dificultades para respirar, completamente lleno por la tristeza, la ira y la impotencia de ver mi pueblo arder a manos de un ser que pocos puede derrotar grite al cielo, sabía que el dragón seguía cerca pero no me importaba, mis sentimientos sobrepasaron mi capacidad de pensar y fueron estos durante los próximos 15 minutos quienes me hicieron actuar. -          ¡Cállate idiota! – Gritaron aquellas dos aves al unísono, una de ellas se colocó delante de mí y la otra en mi hombro palpándome con su ala. - ¡Si el dragón sabe dónde te encuentras te destruirá! -          … - Tome a ambas aves con mis manos, las deje en el suelo y comencé a caminar hacia donde escuchaba que el dragón se encontraba. ¿Puedo morir?, ¡jeh! Un muerto no puede volver a morir, lo he perdido todo y no hay algo más que pueda perder, Rojo y Aka intentaban con fuerza detenerme pero, su fuerza comparada con la mía es simplemente muy inferior. Tras varios pasos y giros en algunas esquinas, frente a mí se encontraba un ser temido por todas las razas y respetado por algunas otras, una verdadera máquina de asesinar con una capacidad mínima para otorgar perdón; al verme algo curioso ocurrió. No intento atacarme ni siquiera acercarse a mí, no encontré la razón y la verdad es que tampoco intente buscar mucho por alguna. -          Morirás. – Grité hacia el con tanta fuerza como pude. Yo estaba completamente iracundo. -          Piénsalo bien… - Dijo la voz de Rojo en mi oído, intentar pelear contra un dragón es absurdo más aun pensando que ni siquiera sabes controlar tu magia apropiadamente. ¡Estas cometiendo un s******o! Estas aves pequeñas ciertamente son valientes… Estamos a escasos metros alejados de aquella imponente bestia y aun así, aquí se encuentran a mi lado, firmes e intentando persuadirme de irnos, siendo que ellos también podrían correr peligro. -          No. – Respondí secamente y después señale al dragón con mi mano derecha. – Esa cosa me ha arrebatado todo y no pienso dejar que se marche sin que antes sufra… Al terminar de decirlo el dragón se irguió y su pecho comenzó a colorearse de un tono rojizo muy pronunciado e iluminado, estaba claro que planeaba asarnos; no supe como pero en ese momento cuando vi que mi vida estaba en peligro, mi cuerpo comenzó a sentir algo, estaba rodeado de partículas diminutas de algo que me resultaba agradable, intente intensificar este sentimiento y pequeñas gotas de agua se fueron formando por todo mi alrededor, este sentimiento se hizo aún más fuerte y las gotas fueron aumentando su tamaño hasta que se hizo una pared muy delgada formada de agua, el dragón escupió su aliento con fuerza el cual choco contra el agua y esta pared dividió el aliento de fuego logrando que yo me mantuviera completamente intacto al igual que Aka y Rojo, el dragón al terminar de escupir su fuego y ver que nos encontrábamos a salvo opto por no usar de nuevo su aliento y avanzo hacia nosotros caminando rápidamente, pude ver en su ala izquierda que estaba completamente dañada, el disparo que le di antes le había dado por completo y le causó un gran daño lo que le impidió volver a alzarse en vuelo. Esto me dio la idea de que quizás los dragones (o solo por casualidad, únicamente este) Son vulnerables a la magia de tipo agua, magia la cual por casualidad yo soy usuario… Y tal parece que poco a poco puedo entender de mejor manera como funciona. Mi cuerpo ahora ya era capaz de sentir las pequeñas partículas de agua en el aire que me rodeaba pero no podía ser tan fácil, mi sentimiento de coraje disminuía con el tiempo lo cual causaba que mi magia fuera menos potente, el dragón era demasiado lento a comparación mía por lo que gracias al entrenamiento que tenemos los elfos evadir todos sus golpes en realidad era algo sencillo, probablemente esta cosa este cansada pues seguramente ya lleva algunos días atacando esta ciudad, después de todo no hay nadie por aquí… Está todo completamente destruido. En cada intento de esquivar procuraba dar un tajo con mi espada, pero lamentablemente es tal y como dicen, las escamas de los dragones son excesivamente duras por lo que mi arma únicamente rebotaba y no le hacía ningún daño, ni siquiera parecía que le doliera, en uno de esos intentos por golpearlo cometí un error y aquel dragón logro tomarme con sus garras, apretó con fuerza sus brazos intentando aplastarme y algo ocurrió… Mi boca comenzó a escupir sangre por el aplastamiento y esto también pude sentirlo, y no me refiero a mi piel, sino que pude sentir mi sangre como lo hacía con el agua cuando quería controlarla con magia, de hecho podía sentir mi sangre con una fuerza incluso mayor que con la que sentía el agua, rápidamente antes de que pudiera aplastarme por completo grité fuertemente al cielo e imagine esa sangre impregnando mi espada, la sangre bajó por mi cuerpo hasta llegar a la espada la cual lentamente se volvía fría, demasiado fría. A causa de esto el dragón me soltó pues esta temperatura le hacía daño (y aunque mi cuerpo también lo resentía no me causaba algún perjuicio) Al ver nuevamente mi espada, la hoja se encontraba con manchas de mi propia sangre en algunas partes y vapor de hielo salía de ella, solo un roce en alguna parte bastaba para congelar aquello que tocaba al instante incluso mi ropa si por error la tocaba (como ocurrió en una sola ocasión) El dragón impaciente por lo que ocurrió y dispuesto a no dejar que pasara más tiempo intento golpearme lanzando un golpe con su garra, yo me agache y eleve mi espada, esta golpeo 3 de sus 4 dedos congelándolos al instante y a causa de la fuerza del golpe del propio dragón destruyéndolos en cuestión de milésimas de segundo, aquella bestia comenzó a rugir con fuerza por el dolor que esto le había causado y al ver que esta arma era peligrosa para el intento huir, pero era demasiado tarde, yo aún me encontraba molesto y no pensaba dejarle marcharse solo así como así, corrí y me coloque delante de él impidiéndole pasar, se podía notar que estaba realmente fatigado, pues no me costó trabajo alcánzalo y no solo eso sino además rebasarlo  y ponerme frente de su hocico a escasos centímetros, coloque mi mano izquierda (teniendo mi arma en la derecha) sobre su hocico y lo “acaricie” -          Al igual que tu r**a, no planeo otorgar el perdón. – Dije una sola vez y posteriormente incruste mi arma. Al hacerlo todo el cuerpo comenzó a enfriarse rápidamente y de la parte de la cabeza hasta su cola el hielo se fue apoderando de él hasta dejar un bloque gigantesco de hielo el cual envolvía a un dragón sin vida. Aka y Rojo simplemente me miraban asustados, y al ver sus rostros me di cuenta de lo que sucedía… Unas inofensivas aves me temían aun y cuando yo jamás les haría daño… Esto me hizo sentir culpable y a la vez darme cuenta que no es esto en lo que quería convertirme el mago más poderoso del mundo y a la vez un mago que causa terror en seres amables y compasivos… Esto que soy, esto que esos ojos asustados miran; no quiero serlo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR