Selene no quería pensarlo, pero no pudo evitarlo: «esto es extraño». Steven y ella estaban en una pendiente, contemplando las cosas que están pasando a su alrededor. Eran poco más de las siete, cuando Selene se levantó, se sentía fatal. Ella se sentía embriagada de felicidad, pero también de preocupación por la tal Sofía. — Buenos días señora, aquí le traje el desayuno. — Gracias. Y el señor Steven. — El salió temprano señora, iba a resolver algunas cosas. — No dejo dicho nada. — No señora nada, solo salió y ya. — Alguien fue con el. — Si la señora Sofía fue con el, parece que iba hacer también algo. — Ya veo y que más. — Nada más señora, va a tomar el desayuno en la cama o lo dejo en la terraza. — Déjalo en la terraza ya voy a servirme. — Ok señora. Cuando la mucama se fue, Se

