Él la estudió en silencio durante unos instantes. Rosie suponía cuál sería su respuesta. No estaba preparada para lo emocionante que iba hacer aquel momento. Nunca se había enamorado de nadie y ahora estaba loca por Mauricio. — Mi adorada Rosie. En ese momento se oyó la voz de la madre de Mauricio al otro lado de la puerta. — Es hora de cenar así que bajemos. — Grazie, madre ya bajamos. — La cena está lista, mi bellísima. Los tres siguieron hasta el comedor, que había sido decorado con elegancia, y se sentó en la silla que Mauricio apartó para ella. — Gracias. — Mi madre quiere presentarte a parte de la familia. Además ellos quieren conocerte querida. — No me imaginé que tuvieras más familia. —dijo al tiempo que se sentaba enfrente de ella. — ¿Bueno mamá quiere que conozcas a la

