La mucama reparó en que Selene estaba examinando a los hombres de la revista que ella había dejado en la mesita de noche. — Guapos, ¿eh?. —y suspiró con aire soñador, trazando con los dedos los músculos pectorales de un pirata que aparecía en una de las portadas. — Disculpe señora por mi falta. — No te preocupes chica. — Si alguna vez conozco a un hombre así, señora no le dejaré escapar. —añadió con una sonrisa la mucama. — Si, que emoción. Con aquellos angelicales rizos rubios y su figura curvilínea, su único hombre era Steven, Selene sonrió. — Señora usted es muy hermosa, y además ama a su futuro esposo el señor Steven. —dijo la mucama Selene arrugó su nariz. — Vamos señora yo quiero un hombre ideal pero no de fantasía, y no un que sea mentiroso señora también. — Estamos hablando

