Elisa aún seguia pensando en lo que le había dicho aquel jardinero, que le había regalado la docena de rosas blancas. Sería verdad todo aquello que ella era una mujer fuerte. En ese momento alguien la sorprendió en la terraza viendo el horizonte. — Veo que hablaste mucho con mi padre. Ella sorprendida dijo. — El jardinero es tu padre. — Si, mi padre es así de sorpresivo nunca quiere estar sentado en el trono por eso quiere nietos y que me case por eso te elegí a ti. — Ya veo que tú padre es algo sorpresivo y extraño hacerse pasar por jardinero. — Así fue como conocio a mamá, a papá siempre le ha gustado la jardinería siempre ha sembrar sus rosas desde siempre, es un buen cultivador de rosas, cuál te ha regalado. — Rosa blancas, esa me gustan mucho y me regaló una docena de ella. —

