Steven se pasó una mano por el pelo. Estar allí con secretaría era más difícil de lo que había imaginado. Los sentimientos amenazaban con abrumarlo y cada vez que la miraba a los ojos pensaba en lo que tenía que decirle. — He venido para pedirte disculpas. Lo que te dije esa noche e imperdonable. — No tienes que disculparte, para eso me habías pagado. — Sí, tengo que hacerlo. Había perdido la cabeza, Selene. No podía creer que mi tía pudiese hacer algo tan diabólico. En realidad es que no quiso nunca a mi padre. La mujer que me trajo al mundo ha mis primo no tiene corazón. No creo que sienta nada por nadie, ni siquiera por mi abuela Giovanna, su propia madre. A pesar de las barbaridades que le había dicho esa noche, Selene lo miró con un brillo de compasión en los ojos. ¿Por qué había

