Oscar la miró y no pudo evitar suspirar. —Muy bien, si tienes alguna queja, no te la guardes. Siéntete libre de hablar conmigo. Por cierto, la reunión con tu padre está fijada para este viernes. —¿En serio? La inesperada noticia hizo que los ojos de Katherine se abrieran de par en par, más alegres que comerse un bocadillo a medianoche. Ella había pensado que la posibilidad era escasa, incluso con la ayuda de Oscar, pero él había conseguido cumplir su promesa de ayudarla a ver a Stanley. —¿Por qué iba a mentirte? —Al ver sonreír a Katherine, el corazón de Oscar se sintió más ligero. —Pero sólo tienes diez minutos. Piensa en lo que quieres decir y prepárate de antemano. Independientemente de lo que dijera, Katherine sólo quería ver el estado actual de Stanley. Desde su encarcelamiento,

