15 Cuando Luigi Mazza se despertó abrió sus ojos muy lentamente para habituarse de nuevo a la luz. Para inducir el despertar los médicos le habían suministrado una dosis de sustancias excitantes que se reveló perfecta. –Buenos días, señor Mazza, –le dijo uno de los enfermeros – ¿se encuentra bien? Luigi se tomó un poco de tiempo antes de responder: –Tengo un ligero dolor de cabeza. ¿Puede darme un analgésico? –No se preocupe. Por el momento sólo debe reposar. El hombre se quedó mirando el techo blanquísimo y no dijo nada, casi como esperando las palabras de su interlocutor: –Usted hoy no deberá moverse de aquí, por lo menos hasta esta noche. Si quiere, podrá dar un pequeño paseo por la tarde, antes de dormir. –No tengo sueño, sólo me duele la cabeza. –Le entiendo. – ¿Dónde están

