-Amelia me dejo en la habitación, pude observar el lugar detenidamente, la cama tenía sábanas rojas, era algún tipo de satin. Me acerqué a la ventana, eran paneles digitales, cada cierto tiempo cambiaba su paisaje, se podía tener una vista de la ciudad, quizás tomada desde un edificio de más de 20 pisos. Después pasaban imágenes de un cálido bosque o un día bajo la nieve.-
-sobre la mesa de noche habían ciertas cremas, preservativos y juegos sexuales, es más que obvio lo que pasará esta noche.- me dirigí al baño, al mirarme al espejo pude ver la mujer que reflejaba, esa no era yo. Escuché que la puerta se abrió, me imagino que es el hombre que viene a reclamar su compra. La manija del baño se movía, la puerta se abrió, mi corazón volvió a latir, era una mujer.-
-Me pidió que saliera del baño, yo muy obedientemente lo hice. Otras mujeres entraron, traían ropa, perfumes y joyas. Me hicieron desnudar, me revisaron completamente, según decían que el comprador había dejado muy claro que quería que estuviera impecable. Si saben muy bien a lo que se refiere, no debía tener ni un solo vello en mi cuerpo.-
- ¿Así es siempre? Me explicó con todas las mujeres que son vendidas, ¿les hacen esta misma preparación?. La verdad debía preguntar.-
-No, cuando es vendida el cliente pasa inmediatamente y toma a la chica, hoy se nos hizo esta petición. Como sabrás pagaron muy bien por ti así que todos tendremos un bono.- Vaya me alegra que todos ganen a costa de mi sufrimiento- Tuve que decirlo, se que sintieron mi ironía.-
-Las mujeres terminaron de vestirme, de nuevo me colocaron maquillaje, aunque no era tan fuerte como el anterior yo seguía sintiéndome incómoda, la ropa interior era negra, no era tan reveladora, la verdad era hermosa, con detalles exquisitos. Quizás este hombre no es un cerdo como Gustaf. Me colocaron una bata y me pidieron que las acompañara.-
-¿Pensé que el hombre vendría aquí?
-No, está solo es una habitación de preparación, a veces es usada por el señor Gustaf.-
-Seguí a las mujeres, me llevaron al ascensor, vi que marcaron el último piso, el edificio no era tal alto, constaba solo de 5 pisos. Al llegar me indicaron que debía ir a la última puerta, que el cliente estaba esperándome. Mi corazón comenzó a latir fuertemente, era el momento de enfrentarme a mi destino. Comencé a caminar, las mujeres no se moverían hasta que yo no entraran, que conveniente.-
- Iba abriendo la puerta muy lentamente, podía escuchar el rechinar de la misma. Dentro de la habitación todo estaba oscuro. Con mi mano comencé a buscar donde encender la luz, pero antes de que lo hiciera escuché una voz.-
- La luz se queda apagada.
-¡Dios Santo! Casi me matas del susto.- comencé a buscar de dónde venía esa voz, una figura se reflejaba en un rincón de la habitación, estaba sentado cerca a la ventana, al estar en contra luz, era imposible verlo bien. El humo de su tabaco hacía que se viera un poco más misterioso.-
-Acércate.- Su voz era ronca y fría, pero por extraño que parezca no sonaba a un hombre mayor.
-Comencé a caminar hacia el, no sabía que tanto debía acercarme.-¡Detente ahí!- volvió hablar.-
-Quede al lado de la cama, mi cuerpo temblaba, no hacía frío en el lugar, la verdad era cálido, pero mi cuerpo ya se estaba preparando para lo que venía-
-Date la vuelta-
-Gire mi cuerpo, en este momento le estaba dando la espalda al hombre. Escuché como se levantó de su silla y comenzó a caminar hacia mi. Podía sentir su respiración muy cerca, descargó el humo de su cigarrillo en mi cuello.-
-Sus manos iban trazando líneas sobre mi piel, intente mirarlo pero tomó mi rostro haciendo que volviera a mi posición. Un trozo de tela negra llamó mi atención, el hombre me cubrió los ojos con ella. Al hacerlo pude notar que las mangas de su camisa estaban recogidas, se podía ver los tatuajes de su brazo, me hace pensar que está cubierto de ellos.-
-No te la quitaras, tienes prohibido ver.-
-Entiendo.
-Buena chica.
-Espero no lo tomen a mal, pero si no lo veo quizás no sea tan traumático, es cierto que recordaré lo sucedido pero no quien lo hizo, ojalá no sea un cerdo como Gustaf.-
-No hablaras a menos que te ordene-
-Yo solo asentí.
- comenzó a besar mi cuello, sentía sus labios húmedos. Yo estaba inmóvil, el miedo ya se había apoderado de mi, sin querer comencé a temblar-
-Trata de relajarte, prometo ser gentil.-
-¿Ser gentil? Muero de curiosidad por verlo, como es que me compra y ahora quiere ser bueno conmigo.-
- Sus besos seguían, sus manos tomaban mis pechos, los apretaba pero sin llegar a dolerme, sentí como se apoderó de mi boca, yo jamás había dado un beso, no sé qué debía hacer, él me daba pequeñas mordidas, trataba de succionar mis labios. Una de sus manos fue a mi trasero, sentí como apretó, un ligero sonido salió de mi, juro que fue involuntario, jamás lo había escuchado.-
- Me quito el sostén, mis senos estaban expuestos, por impulso trate de cubrirme pero era claro que él no me lo permitiría-
-No te cubras, tienes un cuerpo hermoso.-
-¿Qué debía responder? Muchas gracias señor, que bueno que le guste lo que compro. ¿Sería muy irónico?-
- Pasó mis brazos por su cuello, solo lo escuché decir que me agarrará bien, no alcancé a reaccionar cuando sentí sus manos en mi trasero, de un solo golpe me levantó, por impulso me sujeté de su cuello con mis brazos y de su cintura con mis piernas.-
-Caminó conmigo, se sentó en la cama, yo estaba sobre su regazo, seguía besando mi boca, sentía su lengua buscar la mía, con temor de hacerlo mal, permití que se encontraran. No se si todos los hombres de este lugar son así, pero juro que siento que ese hombre de verdad me deseaba. El agarre fuerte de sus manos, los besos desesperados hacia que mi cuerpo se calentara.-
- Me recostó en la cama, por unos segundos no lo sentí, escuchaba como dejaba cosas sobre la mesa, quizás el reloj, sus objetos personales. El cierre de su pantalón lo escuché perfectamente, él se estaba desvistiendo.-
-De nuevo sentí como se subió a la cama, se posicionó encima de mi, su piel estaba expuesta, subió mis manos, me ordenó no moverlas, seguro no le gustaba que lo tocaran.-
-Comienzo un camino de besos desde mi cuello hasta la punta de mis pies, pasó por mis partes íntimas sin dudarlo.- Supongo que lo hace por que sabe que jamás fui tocada.-
-Ligeros mordiscos sentía en mis muslos, su boca se estaba acercando a mi monte de Venus, yo estaba inquieta, se que era una violacion pero ese maldito sabía muy bien donde tocar.-
-¡Abre las piernas!
- Mi infame cuerpo le obedeció.-
-Su boca llegó a mi intimidad, un grito ahogado salió de mi boca, sabía que no debía hablar, así que rápidamente me cubrí.-
-¡Quiero escuchar, déjame saber si estas sintiendo placer!-
-¡¿Que?! Pero qué clase de hombre es, como que quiere oír como siento placer.-
- Me sostuve de las sábanas, ese hombre hacía estragos en mi intimidad, sus manos acariciaban mi cuerpo, sentía una de ellas en mi pecho. Yo hacía pequeños sonidos, cuerpo traicionero parecía que lo disfrutaba.-
-Mi respiración era agitaba, sentía que me iba a orinar. Con su boca succionaba y con lengua daba fuertes lamidas. No aguante más, me orine, bueno eso pensé.-
- El hombre seguía en mi intimidad, se trago todo mi fluido, eso me hizo caer en cuenta que no fue precisamente mi orina, tuve que tener eso que le llaman orgasmo, una vez lo había leído en un nota médica en el periódico, ahí hablaba de una mujer que tenía estos episodios cada 5 minutos, al parecer una condición médica la había llevado a eso. Al principio su esposo estaba dichoso, pero al pasar los días se volvió un caos, imagínate ir al centro comercial, una reunión familiar, entrega de notas de tus hijos y tú teniendo orgasmos.-
-Una vez terminó con mi intimida, tomó de nuevo posesión de mi boca con la suya, sentí el sabor agridulce, supongo que ese sabor es mío. Mis piernas seguían abiertas, sentía su m*****o sobre mi, él estaba más que listo. Mientras me besaba con pasión, se introducía en mi, trate de gritar pero sus besos no me lo permitieron, al diablo su regla de no tocar, mis manos se posaron en su espalda, mis uñas se clavaron en el, de cierta manera me estaba causando dolor, yo también lo haría. Extrañamente no se molesto por lo que hice, la pared que protegía mi pureza estaba rota, el hombre había cobrado su pago.-
-Un leve dolor recorría mi entre pierna, él se quedó inmóvil una vez sintió que mi interior fue roto, pensé que ya acabaría, ¿pues por eso pago no?. No estaba ni cerca con ese pensamiento. Comenzó a mover su cadera, sus besos estaban ahora en mi pecho, mordía ligeramente mis pezones, el dolor iba disminuyendo, mis manos seguían en su espalda. Sus embestidas se hicieron más intensas, aceleró su movimiento. De nuevo ese sentimiento llegaba en mi, comencé a soltar sonidos involuntarios, volví a llegar a un orgasmo. No sé cuánto tiempo duro embistiéndome, tampoco sé cuántas veces me hizo llegar al clímax, al final escuché su gruñido, era ronco y fuerte. Era su momento, pude sentir como se liberó en mi.-
-Su cuerpo cayó sobre el mío, su piel sudaba al igual que la mía, aún no podía creer que yo había disfrutado esta situación. Algo debía estar mal en mi, no es posible que algo bueno saliera de una traición y una compra.-
-Después de unos minutos, sentí como cayó a mi lado, necesitaba ir al baño, sentía que un rio salía de mi intimidad, me sentía incómoda, sucia.-
-¿Estas bien? Escuché decir.
-¿Importa? Respondí irónicamente
-¡Responde!
-Si, lo estoy.
-¿Quieres que te pida algo? No se, quizás te duela.
-Solo quiero ir al baño. ¿Puedo ir?
-¡Té llevaré!
-¡No! Yo puedo ir sola, no creo que pueda escapar, me senté en la cama, me quite la venda de los ojos, no podría caminar con eso puesto, fui a levantarme pero mis piernas me traicionaron, estaban temblando, no tenía mucha fuerza así que caí sentada al suelo.-
-El se levantó rápidamente de la cama.-
-¡Cierra los ojos, no los abrirás!-
-Esta vez no lo iba a desobedecer, así que los cerré.-
-Sentí como me levantó, me llevo en brazos hasta el baño, me sentó en la taza. La puerta se cerró así que era la indicación de que podía abrir los ojos. Pude ver mi cuerpo lleno de marcas, sus besos sí que fueron fuertes, tenía un pequeño sangrado. Pase a la ducha, lo mejor era darme un baño, mi cuerpo olía a ese hombre. Su aroma era extraño, tenía toques cítricos, con un olor a madera y por supuesto a tabaco.-
-Tome una toalla, comencé a secar mi cabello ante el espejo, mis labios estaban hinchados, ese hombre casi me destruye por lo visto. Me envolví el cuerpo y salí.- Lo vi en la ventana, estaba mirando por ella, tenía puesta una bata, la cama estaba perfectamente tendida, no había rastro de lo qué pasó. Comencé a caminar hacia el. Solo podía ver el ancho de su espalda, tenía el cabello recogido, así que lo debía tener largo.-
-Me miro de medio lado, su rostro era desconocido para mi, deseaba prender la luz y ver que es lo que tanto esconde.
-¿Y ahora que sigue? Tuve que preguntar
- ¡Cierra los ojos!
-Ahí estaba de nuevo, con esa maldita cosa de cerrar los ojos. Tuve que hacerlo que más da.
-Volví a sentir como me cubría los ojos.
-¡Por favor no! juro que no los abriré pero no me coloques de nuevo eso.- hice una petición, no era nadie para exigir pero eso hacía que me sintiera aún más vulnerable.-
-¡No podrás abrirlos en ningún momento!
-No lo haré, lo juro.
-Me tomó del brazo, hizo que caminara junto a él, comenzó a subirme de nuevo en su regazo, por lo visto se sentó en la silla de la ventana, comenzó abrir mi bata, sus manos estaban de nuevo trazando líneas en mi piel, sus besos volvieron, esos sonidos involuntarios llegaban de nuevo.-
-Lentamente me ubicó sobre su m*****o, hizo que lo introdujera de nuevo en mi, hubo dolor pero fue soportable-
-Mueve tus caderas- lo escuché decir mientras que con sus manos iba marcando el ritmo. Tal y como lo ordenó yo comencé a moverme, era placentero sentirlo dentro de mi, yo juré que iba a llorar y patalear toda lo noche y ahora mírenme aquí cabalgandolo.-
-Así, sigue moviéndote.
- Ya lo hacía por gusto, mi cuerpo pedía más de él, exigía de su tacto, sus besos y sus manos.-
-Dime si te gusta, quiero oírte.
- En medio de mis sonidos entrecortados respondí que si.
- Estuvimos entregados a la pasión toda la noche, ese hombre si que disfrutó por todo lo que había pagado, me hizo recorrer toda la habitación, explore múltiples posiciones, no me permitió verlo. Ya cuando comenzaba amanecer se vistió. Yo estaba recostada en la cama, pensé que moriría, todo mi cuerpo me dolía. Su espalda estaba totalmente tatuada, podía ver que era parte del techo de la capilla sixtina.-
-Con los rayos del Sol era fácil verlo pero mis ojos comenzaron a cerrarsen, no sé en qué momento paso, pero caí en un profundo sueño. Se que dijo algo antes de salir por la puerta pero yo ya estaba en los brazos de Morfeo, solo espero que no sea algo importante-