Nueva Orleans El día que llegué a Nueva Orleans, se estaba llevando a cabo un funeral. Me impresionó porque la gente que acompañaba el servicio fúnebre, en vez de llorar a su muerto, hacía fiesta. Parecía que se alegraban del deceso. ―Bienvenida, Chilpilla, a tu nuevo hogar ―me dijo Celeste, la mujer que me fue a buscar al puerto. Jamás había estado en una gran ciudad y esa sí que lo era. Era un lugar con muchos negocios; bares; gente, mucha gente, de todos los tipos; calles asfaltadas. Todo tan distinto a mi isla. ―Aquí el día y la noche son muy diferentes, mientras que el día es de los humanos comunes y corrientes, la noche es nuestra, los oscuros. Cuando se esconda el sol verás la clase de seres que conviven aquí ―me explicó aunque no entendí bien sus palabras, no me importó en es

