―¿Dónde vamos? ―pregunté. ―Al bosque ―respondió despreocupado. ―¿Qué me va a hacer? ―Cálmate, solo te voy a demostrar lo que te puede ocurrir sin mi ayuda. No contesté nada, continuamos el viaje en silencio hasta llegar a un bosque muy espeso y demasiado oscuro. ―Baja ―me ordenó con voz dura, seguía enojado. ―Por favor... ―No quería hacerlo. ―Baja o te hago bajar y ya viste que yo no tengo consideración. Atemorizada, sin saber lo que Junier pretendía, salí del auto. La puerta del vehículo se cerró con violencia detrás de mí. Me giré para mirar y el auto echó a andar, en segundos desapareció de mi vista. Me quedé sola en ese horrible lugar, no era como mi bosque, aquel parecía desolado y a la vez cargado de energía negativa y presencias nada agradables. Luego de un minuto

