Mañana en la noche volaba hacia Londres; así que, estoy preparando mi maleta con las cosas que tenía en casa de Alexander. Acomodo los zapatos en un costado, doblo la ropa perfectamente y suspiro. Siento los pasos de Alexander ingresar en la habitación y luego sus manos posándose en mi cintura. Coloca su mentón sobre mi hombro y besa mi cuello. —La idea de amarrarte en la cama para evitar que te vayas no ha dejado de cruzar mi cabeza, bella —susurra. —Me gustaría que me amarres en la cama, pero no para retenerme —ronroneo y él gruñe cerca de mi oído—. ¿Ali acabó su tarea? —continúo doblando ropa. —Sí, estaba organizando su mochila para mañana el instituto —sus manos se cuelan debajo de mi camiseta, suben a mis pechos y los aprieta con suavidad. —Alex... —jadeo—. No es momento, italia

