La veo salir abrazada por Ulises. No sé por qué siento una rabia incontrolable contra mi amigo. Se lleva pegado a su pecho lo que más quiero en la vida. Me levanto de golpe y la silla cae al piso, llamando la atención de todos los presentes. No me importa. Sólo ella me importa. Estoy dispuesto a salir corriendo a buscarla pero una mano se ajusta en mi brazo y me frena
-Bruno… Es mejor que la dejes por ahora
Esa vos… Me llena de ira
-¡No me toques! -Mi grito la sorprende y me suelta como si el contacto con mi brazo le quemara– ¡No quiero verte! ¡Salí de mi vista!
-¡Bruno! –Responde escandalizada- ¿Qué manera de tratarme es esa? ¡Soy la madre de tu futuro hijo!
-Esa es la única manera en la que te voy a tratar desde ahora y hasta que ese maldito contrato se acabe –Siseo a centímetros de su cara- No me importa tu hijo.
Sin perder más tiempo salgo del lugar para buscar a mi amor. Pero la distracción de Violeta me hizo perder tiempo más que valioso. La perdí. Pero no para siempre. Marco el número de Ulises. No atiende. ¡Ese desgraciado!
Subo a mi auto y voy derecho a la casa de Tamara. Seguro va a dejarla ahí. Es el lugar donde siempre va cuando tiene problemas. Conduzco a toda velocidad por la ciudad. No me importa nada. Sólo ella. ¡¿Cómo pude ser tan estúpido?! Todo estaba bien. Ya todo estaba encaminado. Nuestras vidas… ¿Por qué no le dije la verdad? Seguro encontrábamos una solución juntos. ¡Qué idiota! ¡¿Cómo me dejé convencer por Violeta?!
Estaciono el auto en la puerta del departamento de Tamara. Toco el timbre. No responde. Me gana la impaciencia. La llamo por teléfono y me confirma que Soraya no está con ella ¿Dónde estará?
Sin poder pensar en nada más que en ella. En lo mal que lo debe estar pasando. En cuánto me está odiando. No. Ella no puede odiarme. Me ama. Sé que me ama. Tanto como yo la amo a ella.
Llego a casa con el cuerpo cansado, los nervios de punta y mi mente enredada. Suena mi celular.
-Ulises ¿dónde está?
-Tranquilo amigo. Está en mi casa de campo. Lo mejor es que le des unos días para que se calme. Después yo mismo la voy a convencer para que se junten a hablar.
-¿Cómo está ella?
-Abatida. Destrozada.
-No entiendo qué pasó. Yo no quise lastimarla. Sólo quería terminar con lo de Violeta de una vez por todas. Yo…
-Ahora no te tortures más. Mañana temprano voy a la empresa y hablamos, a ver qué podemos hacer.
-Gracias Ulises. De verdad. Cuidala mucho.
-Eso voy a hacer.
Corta la comunicación y mi cerebro sólo puede pensar en mi amor ¿Qué puedo hacer para recuperarla? ¿Qué puedo hacer para terminar toda relación con Violeta? Todavía me quedan seis meses más como su amo. ¡Seis meses! Es mucho tiempo. Tengo que pensar todo fríamente. No puedo dejar nada al azar. Cuento con Ulises. Él seguro me va a ayudar en todo esto. Después de todo, fue él el que insistió en que los tres hiciéramos un contrato. Él conoce a Violeta antes que yo, y siempre me advirtió de su maldad. Jamás llegué a pensar que era capaz de engañarme así.
Preparo algo para cenar. Abro la heladera y veo la comida con el nombre de Soraya. Es su vianda para mañana. ¡Mierda! ¡¿Cómo pude ser tan ciego?! Descargo mi bronca contra la puerta de la heladera al cerrarla. Sólo tomo una botella de agua. Se me fue el hambre.
Encerrado en la oficina reviso una y otra vez el contrato. No encuentro ni una veta de escape. No me queda otra que cumplir con estos meses que quedan. Marco en el celular el número de ella.
-Hola querido. No esperaba que me llamaras tan rápido.
-No hables. Desde hoy nuestra relación es amo- sumisa. Sólo nos veremos la cantidad de días pactados y por el tiempo firmado. Así que disfruta estos seis meses porque van a ser los últimos.
-Pero Bruno…
No la dejo terminar. Corto la llamada. No tengo ganas de escuchar sus mentiras.
Con toda la rabia contenida me acuesto. Tengo que dormir un poco. Mañana va a ser un día complicado y difícil.
Suena mi despertador taladrando mi cabeza. No tengo ganas de salir de la cama, pero las obligaciones no me dejan hacer lo que quiero. Después de una ducha me visto con un traje n***o y bajo a desayunar.
Tomo un café bebido mientras leo el mensaje de Ulises diciendo que nos encontramos en la empresa.
Al entrar a la oficina veo el lugar de Soraya vacío y un nudo en el estómago se instala. Necesito otra secretaria pienso. No puedo mezclar lo laboral con lo personal. Llamo a personal para que pasen a alguna secretaria de otro sector momentáneamente, mientras prendo la computadora para ver mi agenda de hoy.
Ulises entra y se sienta frente a mi escritorio
-Buen día Bruno. Disculpa la demora pero tuve que pasar por mi sector antes de venir para acá. Tenía que dejarle instrucciones a mi secretaria.
-Quiero que pases a alguien competente para que sea mi secretaria por un tiempo. También quiero que desde ahora en más te hagas cargo de las relaciones con las empresas de mi suegro. Si es necesario que te instales en ese país, sólo pasa los gastos a la empresa.
-Bruno.
-También quiero que adelantes el cierre de los inventarios. Así, si tenés que irte, queda todo en orden.
-Bruno. Basta ¿Qué estás haciendo?
-Mi trabajo.
-Salgamos un momento –Me agarra del brazo y me arrastra hacia el ascensor.
Ninguno dice nada mientras bajamos. El silencio es incómodo. Dejamos atrás la empresa y entramos en un bar cercano.
-A ver ¿En qué estás pensando? ¿Qué carajo es ese comportamiento? Te desconozco
-No mezclo lo laboral con lo personal
-Bueno, un poco tarde para hacer eso.
-¿Qué querés decir?
-Nada Bruno. ¿Cómo estás?
-Tu pregunta es un poco tonta ¿no te parece?
-Sabés lo que quiero decir.
-Mal. ¡¿Cómo voy a estar?! Estoy muy enojado.
-¿Por qué?
-Por todo lo que pasó, por mi mala decisión de firmar ese estúpido contrato, por no contarle todo a Soraya y porque vos no sos un buen amigo
-¿He? ¿Qué no soy un buen amigo?
-Sí. Te llevaste a Soraya ni bien tuviste oportunidad. Seguro estás con Violeta en todo esto. Ustedes dos planearon todo. ¡Qué casualidad que justo pasaras por donde quedé con ella!
-A ver Bruno. No te la agarres conmigo. Yo no fui el que le mintió a Soraya. Yo te dije que le hablaras y aclararas todo. Y lo de Violeta fue una casualidad de verdad. Íbamos a un almuerzo de negocios, que por cierto tuve que cancelar. Además me la llevé porque la vi fuera de sí. Sabes que es capaz de cualquier cosa cuando está así. No quería que las cosas se fueran de las manos. Y en cuanto a lo del contrato, sabes que tengo razón. Sin ese contrato las cosas podrían ser peor.
No puedo negar que todo lo que dice es verdad pero sigo enojado, y con alguien me la tengo que desquitar.
-¿Cómo está ella? –Pregunto más calmado
-Ya te imaginarás. Triste. No sé qué puede hacer, ni qué se le cruza por la cabeza. Sí está muy pensativa.
-Ella es así. Analiza todo en su cabecita. –Sonrío.
-Bruno. Necesitas tomarte unos días para calmarte y pensar en frío. No podes actuar de manera arrebatada. Eso perjudica los negocios y tu vida.
-Eso no es verdad. Cuando estoy así es cuando mejor rindo.
-Es verdad. Pero no te das tiempo para pensar en qué hacer con tu relación personal.
-¿Y vos qué harías?
-Yo soy diferente a vos. Muy diferente. Pero me tomaría unos días para pensar las cosas desde todos los ángulos. Le daría un poco de espacio mientras trazo un plan para solucionar las cosas.
-¿Cómo solucionar lo del contrato? Es lo único que me sería útil y remediaría todos mis males.
-Claramente Violeta no va a renunciar a ese contrato por nada en el mundo, ella…
-Ella qué…
-Ella te quiere
-Pero yo no.
Después de almorzar con Ulises y de conversar con él, vuelvo un poco más tranquilo a la oficina. Aunque mi carácter osco no se va.
Me siento en frente al escritorio y sin pensarlo marco su número
-Hola
Escuchar su voz me derrite. Me vuelve vulnerable
-Hola. No quiero molestarte. Sólo saber si estás bien, si necesitas algo.
-No estoy bien. Eso es obvio. Pero voy a salir adelante. Te pido que sigas tu camino así puedo seguir el mío.
-Quisiera que cuando estés lista hablemos. Tengo mucho que explicarte.
-No necesito explicaciones, sólo que firmes los papeles de divorcio.
-Hasta que no nos veamos cara a cara ni lo voy a pensar en eso.
-Cuando esté lista te aviso. Cuidate.
-Te quiero.
Escucho su respiración agitarse pero ni una palabra. Después el teléfono queda en silencio.
Me siento peor que antes. Necesito calmar mi bronca. Es hora de empezar a desquitar mi mal humor. Le mando un mensaje a Violeta para que me espere en el lugar que le indico y la hora. Vamos a cumplir este contrato con creces.