capitulo 8: Sebastián

1104 Palabras
—Natalia —dijo. Se echó hacía atrás y se tiró a la cama. Llorando en silencio como un bebé. Al día siguiente, lo volví a ver en el jardín de su casa. Me miró con su cara de tonto que ya empezaba a amar. Me sacó una sonrisa pero él colocó cara de serio. En ese instante salió su madre, me miró y desvié la mirada, empecé a caminar para dirigirme a la universidad como si nada, cuando de repente escuché la voz de mi madre llamándome. —Natalia, hija, espera —me llamó Me detuve, di vuelta y fue hasta ella con la cabeza hacia abajo. Me sentía como una clase de hierro y que Rodrigo era el imán que me llamaba. Era irresistible no mirarlo. —¿Qué sucede mamá? —le pregunté —Olvidaste tu cuaderno de ciencias —me dijo, y cuando vio a la señora Leticia y a su hijo no dudó en darles los buenos días. Me entró un temblor en el cuerpo en ese momento. La señora Leticia se acercó muy seria a la cerca que dividía a nuestros jardines. Me miró cuidadosamente a los ojos como para que tomara miedo de su presencia ante la presencia de mi madre. Luego soltó una risa y les respondió a mi madre con una pregunta. —¿Cómo ha estado vecina? ¿Vecina? ¿No podía llamarla acaso por el nombre? Bueno, al menos se me quitó el miedo de encima al igual que Rodrigo. Me despedí de mi madre y no me esperaba que ella también se despidiera. —Que te vaya bien en la universidad querida Natalia Que injusticia Dios mío. Rodrigo me hacía señas de despedida con su mano, la mano que roseaba mi cuerpo que hacía salir de mí los más grandes gemidos que podría dar una mujer durante el acto s****l. Pero cuando su madre volteaba a verlo porque veía salir de mi una sonrisa, aquella mano bajaba. Me fui entonces hacía la universidad, mientras mi madre estaba allí hablando con la señora Leticia, Rodrigo entró a casa, pues su carrera universitaria era virtual. Por el camino me topé con el idiota de Sebastián, quien por poco me arrolla con una de sus tantas camionetas. En medio de mi paso se bajó, me pidió que subiera como si fuese una orden. Lo maté con la mirada y le di la espalda. Me tomó entonces por las fuerzas, le gritaba que me soltara y nadie me escuchaba, todo por el lugar estaba en total silencio. Me tranquilice luego y subí a su camioneta, le pedí que no me tocara y se reía como un asesino de las clásicas películas de terror. —¿Qué quieres de mí? —le pregunté —Quiero que lleguemos juntos a la universidad, querida —¿Qué intención quieres con eso eh? Déjame en paz Sebastián, ¿Si sabes que esto que estás haciendo tiene delito? —Sí, pero no creo quieras que se publique en las redes que perdiste la virginidad —Ya basta con eso, no tienes pruebas de lo que estás diciendo —¿Ah no? Parece ser que tú vecinito no es tan nerd —¿Qué estás diciendo? —¿Por qué no perdiste la virginidad con un hombre de verdad? Qué vergüenza Natalia Mi corazón se quería salir, ¿Cómo rayos sabía que Rodrigo había sido mi primera vez? Aquella vez que nos vio besándonos, no solo nos vio, nos había tomado fotos. —Sebastián, ¿Qué es lo que quieres eh? ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué quieres para que me dejes en paz? —Tranquila, tranquila Natalia, ya tú estabas en paz, aquella noche tú decidiste se originará todo esto —No entiendo de qué estás hablando —Tranquila, muy pronto lo entenderás Arrancamos entonces rumbo a la universidad, todos se nos quedaron viendo cuando nos vieron juntos. Me había tomado de la mano y por miedo dejé lo hiciera. Imaginé lo que estaba por decirme, y es que, debía hacerme pasar por su novia. —¿A dónde quieres llegar con esto? —le pregunté sin mover los labios como si fuese un títere —Quiero que te hagas pasar por mi novia —me respondió usando mi técnica No paraban de mirarnos incluyendo a Vanesa y Francisco, quienes sorprendidos se miraban una y otra vez entre ellos y luego nos miraban a nosotros. Cuando ya entramos, nos fuimos a los baños, allí le quité sus manos de encima, le di una cachetada y le dije que ni loca iba a aceptar me manipulara. Él sobó su mejilla por el golpe, me tomó de la nada por la cintura, me dio un beso y me lo quité de encima nuevamente. —¡¿Qué crees que haces?! —le grité —Creo que me estoy enamorando de ti, loba —me contestó y se marchó No sabía qué decirle, mi mente se había quedado en blanco. ¿Qué significaría esto en mi vida? ¡Diablos! Sentía un estrés de amor se aproxima. Cuando entré al baño de mujeres para lavar mi cara, llegaron Vanesa y Francisco, con un chorro de preguntas que me llenaron de enojo. —¿Qué está pasando entre Sebastián y tú Natalia? ¿Por qué llegaron tomados de la mano? ¿Qué está pasando? —¿Quiénes son ustedes? —les dije —¿Cómo que quiénes somos? ¿Qué acaso andar con el idiota de Sebastián te borró la memoria? —No, es solo que los traicioneros son borradas rápidamente de mi sistema, con permiso señores —Natalia, ¿Qué sucede contigo? ¿Qué pasa? ¿Por qué te portas así con nosotros? ¿Qué te hemos hecho? —me preguntó Francisco —Ya les dije que no los conozco —le dije y me fui a la clase En el salón no presté ni un minuto de atención a los que dictaba la maestra, a pesar de que me encantaba estaba pensando en qué sucedería conmigo, en esto que llamaban amor. Pasaron las horas y con ella, la salida. No había sido un día bastante agradable para mí. En la salida estaba Sebastián, quien me llamaba como una gallina y no como el toro que parecía ser. A distancia estaban quienes creía eran mis mejores amigos, observándome con lástima. Me acerqué a Sebastián, me subí a la camioneta y le pedí me dijera cuál era el trato que tenía en mente. Todo lo hacia para impedir difundiera información sobre mi intimidad; sin embargo, no imaginé terminaríamos en algo más que un trato.
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