“Hacer el amor en el jardín fue lo más loco que hemos hecho desde nuestra primera vez”
Rodrigo
Los mensajes por f*******:, w******p y correo electrónico se detectaban en mi computadora como spam. A veces pensaba quería explotar por la calentura de dichos mensajes. Con tan solo leer sus palabras sentían que estábamos haciendo el amor. No era estar enfermo por el sexo, realmente era estar loca por un hombre que te hacía olvida todo por completo. Borrarte la minoría y crea una nueva historia mientras estás con él. Ahora entiendo esos libros de romance, esas películas de amor cursi. El amor es una locura. Y si esto que hacíamos Rodrigo y yo era estar loco, que nos encerraran, pero juntos, para así seguir con nuestra locura que nos hacia felices al cien por ciento.
Mientras tanto, continuaba haciéndome pasar por la novia de Sebastián, a cambio de ello ya no me molestaba más, solo alguno que otro piropo, aunque sabía que era solo para burlarse de mí. Me reía cada vez que pensaba en aquel trato que había hecho con la señora Leticia, pues le estábamos viendo la cara. Yo continuaba asistiendo a la universidad como si nada, siendo una de las mejores en mi carrera. A Vanesa dejé de hablarle, al igual que Francisco. Sin embargo, los extrañaba con todo mi corazón. Ellos eran los únicos con los que podía contar y decirles todo lo que me sucedía en mi día a día. Lastimosamente nuestra amistad parecía haber culminado por tonta, por no escucharlos. Realmente eran inocentes de la culpa que les echan encima. A veces los actos en los que crees todos te han traicionado no es así, y por ello quedas sola con el viento, por no llegar al diálogo con el que se dice se resuelve todo. Tal vez eso sea cierto, solo que no creí, a pesar de que estudiaba filosofía.
Como extrañaba a mi padre, al menos él siempre estuvo para mi. Mamá solo andaba trabajando, aunque disfrutaba los momentos de su ausencia, pues tenía la casa solo para mí y Rodrigo. Esos eran momentos inolvidables. Creo que ya empezaba a amar a Rodrigo, aunque era artificialmente novia de Sebastián. Otro día en la universidad, marcó aquella mentira en mí, una opción de escapar del estrés: conocer los padres de Sebastián.
—¿En serio quieres conocer a mis padres?
—Sí, ¿hay algún problema con ello?
—No, nada, mejor aún, pero…no quiero cometas una locura ¿Vale?
—¿A qué te refieres cuando dices “locura”?
—Que no se te vaya a ocurrir decirle a mis padres que no eres mi novia y te estoy manipulando
—¿Por qué?
—De una me echarían de la ca… espera…
—Ya, se acabó todo esto y tu amenazadera
—Natalia, por favor
—Ja, Jaa, Jaa, ja, ja, tranquilo idiota
—¿Si sabes que con ese dato ya puedes librarte de mi, cierto?
—Sí, pero no lo haré
—¿Por qué?
—Me he beneficiado de esto, Sebastián, así que tranqui
—¿Cómo? Pero si no te estoy dando dinero por esta farsa
—Yo no necesito dinero de tu parte para beneficiarme de esto, Sebastián, procura callarte la boca. Apenas salgamos te espero afuera
—Eh, hoy estaré en una hora atrasado
—¿Por qué?
—Tengo partido de fútbol
—Oh, vale, voy
—¿Qué? ¿En serio?
—Sí, ¿O acaso no puedo asistir a su partido de fútbol?
—Bueno, si quieres
—Creo que todos tus compañeros estarán con sus novias, serás el único sin novia, por eso quiero ir
—Ooow, por eso te amo
—¿Podrías, por favor, dejar de decir eso?
—Eres mi novia
—Dilo solo cuando estemos ante amigos, familiares o conocidos, no cuando estemos juntos, ¿Vale?
—Está bien loba
—Gracias
—¿Y loba?
—Eso sí dímelo
—¿Por qué loba sí?
—Porque soy una fiera, ¿O no? Por algo me lo decías. Ya lárgate a tu partido de fútbol, estaré allá en cinco minutos
Sebastián se fue trotando felizmente, volteó una vez para tirarme un beso. Cuando di media vuelta para regresar a clases, me topé con Vanesa, quien al parecer había escuchado todo lo que había hablado con Sebastián.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté y caminé ignorándola
—¡Natalia! —me llamó con gran atención y sorprendida
—¿Qué quieres? Ya te he dicho que no te conozco —le respondí, me detuve y ne le acerqué
—¿Podrías dejar de actuar como un payaso por el día de hoy?
—¿Qué quieres?
—Te desconozco, Natalia, no puedo creer que seas capaz de aceptar tal trato, ¿Y todo por qué? Porque temer al qué dirán, ¿Qué es lo que te pasa eh? Desconozco a mi mejor amiga
Luego de decirme aquellas palabras, dio media vuelta y empezó a caminar, con una cara de decepción parecía se le caería.
—¿De qué estás hablando? —le pregunté y voltee a mirarla
—Tú sabes de qué estoy hablando, Natalia
—¿Me hablas tú de desconocerme? Si es así yo los desconozco a ustedes
—¿De qué hablas?
—De Francisco y tú. Ustedes fueron quienes le comentaron a Sebastián que había perdido la virginidad
—¿Quéééé? ¿Acaso estás loca? Nosotros jamás haríamos eso
—No te creo, ustedes eran los únicos que lo sabían, ¿Y ahora…ahora dices que por qué acepté este maldito trato? Pues ya sabes; sin embargo no me importa, ¿Y sabés que? Sí me importa él que dirán
—Pues me alegra saber que no nos conoces lo suficiente para creer eso de nosotros, es evidencia de que jamás te importamos
—¿Acaso m estás leyendo la mente? Porque justo eso estaba por decir
—No soy bruja como otras, ni tampoco loba
Vanesa marchó. Luego de aquella discusión nunca volví a trata con ella, tampoco con Francisco. Sus palabras me hicieron, pero luego me sentí como “Teresa”, limpié mis lágrimas tratando de controlar mis emociones, me dirigí hacía la cancha, para ver el partido donde estaba por empezar a jugar mi novio artificial.
Mientras caminaba me llegó mensaje de texto de Rodrigo, en donde decía que extrañaba mis besos y también mi cuerpo. Le respondí con un emoji que lo decía todo: yo también te extraño, pero extraño más que estés dentro de mí.