Me sentí como una villana recién salida de un cuento de hadas. Realmente me sentí mal por haber hecho sentir mal a Rodrigo, no se merecía lo sé le estaba haciendo. ¿Qué me pasa? ¿Cómo pude invitarle o tentarlo a tener relaciones sexuales conmigo? Él quería pero no sexo, sino hacer el amor. Me desconocía por completo. Si mi padre estuviera aún conmigo, si mi padre estuviera aún con vida, todo sería diferente. Por él tomé la carrera de la universidad, para ayudar a quienes mi padre ayudó mientras estuvo vivo.
En mi mente imaginé el cómo se sentía Rodrigo en el sofá, con frío hambre y triste por lo ocurrido. Tal y como imaginé así era. Tal vez soy bruja y no lo sé. En aquel sofá se encontraba pensando en mí, en nuestros besos, cuando nuestros cuerpos estaban juntos a punto de romper la virginidad de ambos. Yo tenía estrés y él también, ¿Estrés? ¿Y de qué? Pues ambos queríamos ponernos de pie, olvidar lo que es hacer el amor con amor y hacer lo que nuestros cuerpos sentían y querían. Rodrigo quería una relación sería, pero la seriedad la perdió en cuanto me vio en los escalones, se acercó a mí, me tomó entre sus brazos y nos besamos salvajemente. Ya no era él, el nerd que ignoraba cada mañana cuando me daba los buenos días, sino un chico salvaje que quería tener relaciones sexuales conmigo, con la chica que amaba.
Encima de mí me quitó la vestimenta por completo, ahí todo fue más tranquilos, más lento. Los besos, tanto en mis labios como en mis dos montañas de mujer y en mi cuello húmedo por el frío en el espacio. Mis gemidos lo llenaban de placer, el cual nació aún más cuando lo sentí dentro de mí. Parecía loco esto pero a la vez hermoso. En mi mente gozaba pero también reía, ya que esta era nuestra primera vez. Y es que, lo que parecía para nosotros algo desconocido, hizo olvidar nuestros nombres y nuestros problemas. No estábamos teniendo sexo, estábamos haciendo el amor. ¿Cómo lo sé? Porque el acto era delicado, había decencia y respeto entre ambos. Y aunque sea algo difícil de aceptar, sentí que estaba empezando a amar a Rodrigo.
—Te amo —expresé
—¿De verdad me amas? —me dijo mirándome con ternura a los ojos y besándolos
—Me nació decírtelo
Continuó besándome y amaneció, sin pensar que al llegar el día, su madre nos podría ver y pensar lo peor de mí.
Habíamos amanecidos en el aquel mueble, donde hicimos el amor. El acto fue realmente hermoso. Lo que sí tenía entendido es que no había sido sexo, sino amor, a pesar de que apenas nos estábamos conociendo. Desperté primero que él, no lo podía creer. Se veía tan tierno y hermoso con sus ojitos cerrados, su boquita rosada y su carita de ángel. Solté una risa, me puse de pie. Por unos segundos recordé lo que había sucedido en esa noche lluviosa. Apretaba mis labios recordando cada movimiento de nuestros cuerpos y palabras. Nuestros besos y caricias.
Me vestí rápidamente y salí de su casa, dejando antes una nota, donde le decía lo feliz que me había hecho. Sin embargo, recordé que, Sebastián me dejaba esas notas en la mañana y aquella nota la arrugué con muchas fuerzas de la rabia que tenía en mi interior y, marché borrando la felicidad de mi boca. No me percaté que mi mamá me vio salir de la casa de Rodrigo, ¡Rayos! Estaba en sábanas. Su cara que no vi era de gran impresión. No sé si era decepción o alegría, pues al entra se retiró de la ventana y me dio los buenos días, sin ni siquiera preguntarme en dónde había pasado la noche de tormenta. Rodrigo era para ella una estrella en la tierra, tal vez por ello no me preguntó enojada el porqué estaba desnuda, en sábanas, con mi ropa en mis manos y el cabello vuelto estropajo.
—Hola mamá —le dije sin saber qué las decir
—Eh, buenos días, ¿Por qué has entrado a la casa en sábanas? —me preguntó mientras limpiaba el mueble bañado en polvorín
Al ver el mueble mi cuerpo se sacudió, recordando su pecho sobre mis dos montañas de mujer, besando mi cuello mientras yo gemía de felicidad y placer. Mientras estaba dentro de mí hasta eyacular y terminar con un beso de media hora y caer rendidos en total sueño de fantasía.
—Natalia, Natalia… ¡Natalia! —exclamó—, ¿Te sucede algo? —preguntó mirándome raramente
Soñar despierta con Rodrigo me había distraído, sin darme cuenta mi mano derecha la había introducido en mi v****a, imaginando era su m*****o placentero. Gracias a Dios tenía conmigo esa sábana, que aunque no era de mi color favorito, me salvó de quedar en evidencia, que había perdido la virginidad. Rodrigo me estaba volviendo loca, no encontraba explicación alguna a lo que me hacía sentir y a lo que me estaba acostumbrado. Mis pensamientos los desaparecía, y eso que, él era un chico serio, no era tan abierto al público. Ya no para mí un nerd, era el hombre con el que había perdido la virginidad, mi primera vez. Rodrigo, te amo.
—No es nada mamá, estaba pensando en que…
—¿… En qué…?
—Tengo hambre, ¿Qué hiciste de desayunar?
—Panqueques
—Me encanta, ¿Sabes que? Dame siete, iré a darme un baño. Huelo a zorro viejo —le dije subiendo los escalones rápidamente hasta llegar a mi cuarto
Mi madre quedó sin palabras, pensando de cuando me vio salir de la casa de Rodrigo, completamente desnuda, entre esas sábanas espantosas. En mi cuarto me quité todo, desnuda entré al baño y mientras lavaba mi cuerpo pensaba en él, preguntándome qué estaba haciendo o si ya había despertado de nuestra noche de locura y amor.
Ahí estaba él, abriendo sus ojos por la luz del sol que entraba por la ventana, su mamá ni había llegado, algo que lo alegró mucho, ya que estuvo pensando en mí, tocándose su cuerpo cerrando sus ojos. Pensando en nuestro momento, el momento que ambos decidimos hacer porque nos nacía y no por diversión.