Usando la tarjeta personal de Ranger para no dejar ninguna evidencia de que estuvieron juntos en un hotel, y tras un baño rápido, estuvieron listos para abandonar el lugar que los acogió por más de tres horas. Para algunos, tres horas eran demasiado tiempo, pero no para dos amantes que querían quedarse encerrados en ese lugar por una semana. Y aunque Riley se sentía satisfecha, cuando regresaron a la camioneta, no dejó de morder su labio inferior y apretar los muslos. Ranger sí sabía cómo llevarla a la cima sin necesidad de compartir la cama con nadie más. El hombre era una jodida bestia, con manos grandes y fuerza en los brazos. No solo la sacó de la atmósfera, sino que bailaron en la luna con cada embestida, beso y mordisco ocasional. Cuando llegaron a la entrada cubierta de grama y fl

