CAPÍTULO DIECIOCHO Rexo estaba lleno de rabia mientras estaba tumbado en la azotea y observaba que miles de ciudadanos estaban cautivos en la Plaza de la Roca Negra, rodeados por soldados del Imperio que rodeaban el borde exterior de la plaza, para evitar que nadie escapara. Delante de ellos subido a una plataforma, el General Draco estaba leyendo el anuncio del rey y cada palabra hacía que la rabia calara más en el corazón de Rexo. Se estaban preparando para llevarse a más primogénitos, los mejores hombres que el pueblo podía ofrecer. Apretó con fuerza su espada, preparándose para la batalla. Pero al ver a tantos soldados del Imperio, Rexo empezó a dudar de su decisión de llevar a los revolucionarios a otra batalla para la que no estaban del todo preparados. La rebelión había crecido, s

