CAPÍTULO VEINTIDÓS Thanos caminaba nervioso de un lado a otro delante de la puerta de Ceres, con las manos sudorosas, la garganta seca, su armadura demasiado restrictiva y acalorado. Nada parecía estar bien. Nada iba bien. Aunque sabía que no le quedaba otra elección que aceptar las órdenes de su tío, sabía que Ceres no lo entendería y que se sentiría herida y posiblemente lo odiaría por ello. Y la peor parte era que estaría en todo su derecho de hacerlo. Incluso él se despreciaba a sí mismo por aceptar hacer lo que su tío había ordenado y deseaba que hubiera alguna salida a esta pesadilla de dilema. Thanos se secó el sudor que le caía de la frente y maldijo en silencio. Era de idiotas pasear por ahí como un estúpido borracho, lo sabía, ya que el rey le había ordenado que se marchara de

