CAPÍTULO VEINTISÉIS Ceres no sabía exactamente cuánto tiempo había estado sentada en el suelo de su habitación –podían haber sido minutos, u horas- lágrima tras lágrima caía por su mejilla. Fuera todo estaba escalofriantemente tranquilo, las peleas habían terminado. Probablemente, la noticia del anuncio del matrimonio entre ella y Thanos estaba tranquilizando a los líderes de la rebelión. Ella dudaba que durara mucho. Oh, cómo deseaba odiar a Thanos; y, sin embargo, su corazón era malvado, traicionaba todo lo que siempre había querido. La tristeza la embargaba y apretó sus rodillas contra el pecho y lloró en silencio durante un instante. Esto es lo que me merezco, pensó mientras se incorporaba y se secaba la humedad de las mejillas, manchando las mangas de seda. Se dio cuenta de que no

