Entretanto Emma Thompson y George Clooney estaban sentados en un banco junto al lago y daban de comer a los patos. Cada vez que uno de ellos comía un trozo de pan envenenado de Clooney, Emma devolvía al animal a la vida, lo cual resultaba muy frustrante para Clooney. Sin embargo, aún lo enfurecía más saber que tan sólo había sido una simple variable en el método probatorio de Dios. -Así pues- preguntó finalmente Clooney, cuando se dio cuenta de que también llevaba las de perder en la lucha por los patos-,¿nunca habrá un Juicio Final? -La humanidad ya es adulta-contestó Emma. -Pero ni de lejos perfecta. -Ningún adulto lo es-dijo Emma, sonriendo satisfecha. Clooney no podía sonreír satisfecho; había pasado toda su existencia esperando febrilmente la batalla final y

