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1026 Palabras
Estrujé mis ojos con la mano, y parpadee un poco para adaptarme de la escasa luz, porque aún así me molestaba un poco. Quité el seguro de la puerta, y la abrí. Me llevé una gran sorpresa al ver a mi hermana con manchas de sangre en la ropa. Miré su rostro y lo tenía un poco amoratado,marcas rojas empiezan a notarse en sus brazos, y por sus clavículas hay rasguños, y podía decirse que había una herida medio profunda abierta allí. La jale del brazo, metiéndola dentro del departamento, la llevé en seguida al baño, le despojé la ropa y le abrí la ducha. Noté que lloraba en silencio, pasando sus manos cerca de sus cicatrices y heridas. No dije nada, y no diría nada hasta saber que estaba completamente bien. La dejé sola en el baño y fui a la cocina a prepararle algo de comida, estaba segura que su estómago rugía por un poco de tostadas francesas con tomates cherrys y un poco de huevos revueltos. Miré el reloj que marcaba las 7: 30 a.m aún me quedaba tiempo para ir a Hilerson Enterprises. Arremangué la camisa manga larga hasta mis codos, tomé la liga que estaba en mi muñeca derecha y até con ella mi cabello en una coleta fuerte. Comencé a preparar el desayuno, tarareando una melodía inventada. Luego de terminar, un poco menos de veinte minutos, empecé a fregar el sartén y plato sucio. Enjuague y ya está, terminé. Dejé el plato de mi hermana frente a sus ojos, llevaba unos pocos minutos ahí, pendiente de mis movimientos, a pesar de que esté en su mundo. La casa estaba sumida en un mísero silencio espantoso, había una tensión que sabía que nada más se quitaría al yo decir una palabra. Volví a mirar el reloj, ya debería de estar en aquél trabajo de poco tiempo. No me importó, me senté al lado de mi hermana, mirándola engullir la comida que le había preparado. Pasé su mirada por todas sus heridas, y me pregunté como ella pudo haber estado con un hombre cómo él. No es por nada, pero, ¿cómo aquellas mujeres no hacen nada para salvarse de momentos así? Digo, tienen toda una vida por delante, momentos para ser sumamente felices, ¿y se quedan aguantando una mierda de hombre así? Sin ofender, pero, aunque digan «no tengo posibilidad, él me mantiene a pesar de todo, ¿cómo podría tener techo y comida, sin él» Mija, hay muchísimas posibilidades de encontrar un empleo, a pesar de lo duro que sea. Todo lo que hay que hacer es esforzarse. Sin importar nada, sí, podrías pasar días sin comer, sin techo, sin una manta cálida que te cubra, ¡pero que valga la pena el intento! Quién sabe que podría pasar si no lo hubieras intentado, ¿estarían muertas? Tal vez. Una de las otras posibilidades,¡es la ayuda! Ve a la policía, ten base y muestra evidencia. ¡Ya está! La casa es tuya. Sólo busca empleo. ¡No te arrastres por un poco hombre! Esos tipos merecen la muerte, cadena perpetua, o qué se yo, pero merecen vivir en el mismo sufrimiento que les hizo pasar a aquellas mujeres. Busquen ayuda. Huyan de ahí. No se queden calladas. Hablen. Resoplé algo furiosa. Esta situación me tenía un tanto harta y triste, estábamos hablando de mi hermana. De aquellas chicas y mujeres. Sentí el nudo en mi garganta y lo tragué fuertemente, no quería llorar y no debía. Miré a Carolina y ésta miraba algún punto raro o desconocido de la cocina. Mi mano se posó en su hombro cercano, ella de inmediato saltó de su lugar, algo dentro de mí de quebró, mí hermana necesitaba ayuda psicológica. —Dulce demonio, soy yo—la llamé igual a cómo lo hacía nuestros padres. Tomó una bocanada de aire antes de echarse a sollozar. Se arrodilló en el suelo, y yo lo hice con ella, abrazándola fuerte. Mi teléfono sonó, me despegué un poco de ella y atendí, sabiendo quién era que estaba llamando. —Lo siento, señor Hilerson, me temo que no podré asistir—hablé antes de que él lo hiciera—. Problemas familiares, iré mañana sin falta, disculpe. Proseguí y colgué. Inmediatamente apagué mi celular, y de nuevo tomé a mi hermana y la abracé. —Estoy aquí, ¿lo sabes no? —ella asintió varias veces, abrazándome—. Dulce demonio, por favor, habla. Pedí. Sus ojos rojos e hinchados me miraron. Quité todo rostro de lágrimas de su rostro pálido. Cepille con mis dedos su cabello castaño claro cobrizo con mis dedos, y a la vez haciéndole masajes ahí para que se relajada un poco. Uní nuestras frentes, y la abracé de nuevo. Besé su cabello, y su frente, en signo de protección. Luego, me reñí. Tal vez esto fue mi culpa. «No lo es». Yo le dije todas aquellas cosas ayer. Y no la protegí. Lo que hice, fue juzgarla. No la apoyé y ni menos la protegí de aquél bastardo, también me sumí en mi mundo, cuando ella estaba sumiéndose peor en el suyo. Maldición, no la pide proteger de aquella bestia, no la alejé de aquella bestia. Y ahora lo haría. —Fui con él a terminarle, Eli—su voz sonó entrecortada y ronca. "Iba a terminar con él por mí", pensé. —Y me hizo esto—sollozó de nuevo—, le dije que se alejara o le diría a la policía, que no me buscara de nuevo, y antes de eso lo que hizo fue golpearme. Siento tanto no darme cuenta que me lastimaba yo misma y... —Shhh, shhh—sise para que callara—. También fue mi culpa. No te protegí cuando debí,no todo esto es tu culpa, ¿entiendes? Saldremos adelante,dulce demonio, lo haremos. Ella asintió callándose. Me levanté del suelo, y luego la levanté a ella. La lleve a su cuarto, y Carolina se sentó en su cama, sabía lo que haría, y así fue, busqué el botiquín de primeros auxilios, y lo abri para sacar unas dos gasas, pomada y alcohol.
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