Latidos que anuncian vida. Emily 8 meses después. Había algo distinto en el aire esa mañana. No sé si era la luz que se filtraba con más calidez por la ventana o si era el silencio inusual en casa, como si el mundo hubiese decidido darme una pausa antes del comienzo de algo nuevo. Me desperté con un leve tirón en la espalda baja. Al principio lo atribuí al embarazo. Últimamente, cada posición para dormir era una apuesta arriesgada: si me recostaba de un lado, se entumecía la pierna; del otro, el bebé comenzaba a patear como si estuviera bailando en mi vientre. Así que ese tirón era solo otro recuerdo de que mi cuerpo estaba cambiando para siempre. Me quedé recostada por unos minutos, acariciando mi vientre con lentitud. Podía sentir los movimientos suaves de mi hijo —o hija, aún

