EL AMOR ESTÁ EN EL AIRE Yuri. No pensé que algo así me pasaría. No a mí, no después de todo lo que había vivido. Pero ahí estaba, con la mente en blanco y el corazón latiéndome en los oídos, solo porque una mujer me había sonreído. Marina, como siempre, hablaba sin parar mientras me jalaba del brazo, emocionada porque finalmente iba a conocer a su nueva profesora. Desde que comenzó a hablar de ella, no había dejado de elogiarla: "Papá, es la mejor. Es súper divertida, sabe un montón de cosas y me enseña de una forma genial. Tienes que conocerla". Y, como siempre, yo no podía negarle nada a mi pequeña. Cuando entramos al aula y ella se giró para recibirnos, algo dentro de mí cambió. No sabía cómo explicarlo. Su sonrisa era cálida, auténtica, como si su sola presencia iluminara la habita

