El príncipe Leif y el príncipe Sebastien quedaron en silencio cuando escucharon la pregunta que les hizo su hermana. Por un instante Leif pensó en unir a Leah en su plan, pero luego recordó el cariño que ella sentía por Noah, un cariño que era mayor del que sentía Sebastien, y por lo visto andaba en “algo sospechoso” con el otro gemelo, así que no era del todo seguro inmiscuirla en sus asuntos. «Podría decírselo a nuestro padre lo que pretendo hacer, Leah no es de confiar» piensa Leif mirando a su hermana, diciéndole: —Si, huelo al hermano gemelo de Noah porque decidí entrenar a Sebastien en cuanto a su delicado olfato. Debe habituarse a la fuerte peste que emana ese asqueroso de cabellos dorados. Pero ahora que estás aquí, querida hermana ¿por qué no le enseñas a Sebastien? Se nota que p

