Cuándo abrimos los ojos de nuevo estábamos cerca de la escalera quedaba al ático, desde allí tendríamos que llegar a la ventana qué nos permitiría subir al techo. No había ningún mayordomo allí, ni cualquier otro fantasma de algún empleado, estábamos completamente solos sujetándolo en las manos y respirando rápidamente un poco aterrorizados. Porque la casa no tenía una maldición como tal, pero ciertamente el espíritu había tomado mucho control sobre todo ese territorio, francamente aquel era su salón de juegos. Era realmente terrorífico pensar que nosotros éramos fichas en su tablero de juegos, no quería dar un paso en falso Pero tenía la sensación de que de todos modos no había forma de que pudiera dar ni un solo paso seguro. Con ello en mente miré hacia las escaleras que daban el ático,

